No te metas con mi lucha o su odio con rueditas

si su odio de 5000 años no han podido con nosotrxs, van a necesitar algo más que su ridículo camión para detenernos.

No te metas con mi lucha o su odio con rueditas

Ha llegado a México el indigno camión anaranjado, ese que además de atacar directamente a transexuales, intersexuales, hermafroditas y transgénero, tiene la espantosa leyenda “dejen a los niños en paz”, invisibilizando una vez más a las niñas y culpando a sexólogxs, activistas LGBTTTI y maestrxs progresistas de confundir las mentes infantiles por hablarles del hecho (verídico y comprobable) de que existen otras prácticas e identidades fuera de la heterosexual.

Nuevamente se manifiestan contra lo que tan equivocadamente llaman “ideología de género”, pero sobre todo contra los derechos de esxs hijxs a lxs que tanto defienden y procuran proteger. Es que la ideología de género no la inventaron lxs transexuales, ni lxs educadorxs, ni lxs activistas: el género (como la noción de que ciertas cualidades, actitudes y actividades son propias de los varones y no de las mujeres o viceversa) surge en la prehistoria a partir de la división del trabajo y lleva reafirmándose (como toda ideología falaz) de manera obsesiva y constante desde entonces, con consecuencias bastante desastrosas por cierto. En ese sentido, defender que las niñas son niñas siempre y sólo si tienen vulva, sería imponer la ideología de género que tanto critican.

Este movimiento (de las marchas “en favor de la familia” de septiembre pasado y del recién adquirido camión pro discriminación) copia los mecanismos, frases y discursos de movimientos similares en España, Perú, Colombia, Costa Rica y otros países de centro y sudamérica, demostrando que a nivel mundial los derechos de las personas LGBTTTI y de lxs niñxs van perdiendo terreno frente a la arbitrariedad y la intolerancia de las asociaciones de extrema derecha. Porque esxs niñxs, a quienes ellxs llaman “sus” niñxs, “sus” hijxs, no son de su propiedad ni son tábulas rasas en las cuales replicar sus identidades y creencias, son individuos con una sexualidad, afectividad y personalidad todavía por explorar y descubrir; muchxs de ellxs, como nosotrxs, serán bisexuales, lesbianas, transexuales, transgénero o gay de todas maneras, sólo que crecerán con miedo, confusión, falta de información y de apoyo.

Cuando población vulnerable se levanta para visibilizar la discriminación, persecución, abusos y estigma de los que es y ha sido históricamente objeto, no sólo se libera a sí misma, sino inclusive a lxs hijxs de sus enemigxs y detractorxs. Es por eso que le llamamos la marcha del ORGULLO; si su odio de 5000 años no han podido con nosotrxs, van a necesitar algo más que su ridículo camión para detenernos.

Mujer Maravilla: 3 mil veces la misma cara

La Mujer Maravilla decía frases poderosas y rompedoras que clamaban igualdad y justicia para las mujeres.

Mujer Maravilla: 3 mil veces la misma cara.

Más que decepcionante nos resultó a mis amigos y a mí el reciente estreno de La Mujer Maravilla. Dirigida por una mujer, actuada por una actriz poco conocida, esperábamos de la cinta un poco más que una serie de poses bonitas. Y es que la Mujer Maravilla fue en su momento símbolo de un movimiento feminista con el que parece estar divorciada.

La Mujer Maravilla decía frases poderosas y rompedoras que clamaban igualdad y justicia para las mujeres. En no pocas ocasiones, tanto en el cómic (1941) como en la serie (1971) las mujeres fueron presentadas como luchadoras naturales contra la guerra, con una estatura moral mayor a la de los varones. El símbolo de las cadenas rotas (con las que aparecía constantemente la Mujer Maravilla y otros personajes femeninos) era equiparado con el yugo matrimonial y la jerarquía sexual. Cuando Steve -el galán al que ella salvaba episodio tras episodio- le preguntaba cuándo se casarían recibía siempre por respuesta “cuando el mal y la injusticia desaparezcan de la faz de la tierra”.

La Mujer Maravilla era por tanto, una emancipadora de la guerra y sus males, pero también una luchadora abierta por las causas de las mujeres. La misma Lynda Carter (protagonista de la serie de los setentas) ha contado en entrevistas que tanto ella como la producción recibieron críticas y amenazas por algunos diálogos y escenas que resultaron “tan feministas” que hirieron la frágil susceptibilidad del status quo.

En la versión de 2017, sin embargo, encontramos una Mujer Maravilla despolitizada y sin sentido del humor. Ni su imagen ni su discurso nos invitan a cuestionar las formas preestablecidas de la mujer dentro de la sociedad machista. Prototípicamente bella y enamorada, Diana sale de su paradisíaco lugar de origen para sumirse en una guerra en la que no aparece una sola mujer que no sea una víctima, a pesar de que fue precisamente durante la guerra mundial cuando las mujeres empezaron a tener notoria participación en la milicia, la política y la vida pública. El único personaje femenino relevante que figura en la película es Dr. Maru, una especie de científica loca deforme que trabaja para los nazis y que al final es puesta como títere del supervillano varón. Sus aliados son todos hombres, el principal es su novio quien tiene en la cinta tanta importancia como la protagonista.

En el momento crucial -la lucha definitiva entre la Mujer Maravilla y Ares, el dios malo al que Diana se ha pasado persiguiendo toda la película- ella parece particularmente débil y desvalida y sólo puede derrotarlo en el último momento impulsada por el dolor, la pérdida y “su fe en el amor”.

Esta imagen (la mujer que se fortalece y triunfa sólo a través del dolor y el amor) se repite una y otra vez en el cine con personajes arquetípicos y trillados como las princesas de Disney, definitivamente no necesitábamos que viniera la Mujer Maravilla a repetirnos lo

mismo con una minifalda y una diadema diferentes.

El miedo de tener una protagonista femenina fuerte y capaz, una que se enoje, sude, grite y se despeine; una que opaque la violencia masculina con un despliegue de heroísmo brutal, sigue estando presente en el 2017. La Mujer Maravilla no es más que otra excusa para vender una historia de hombres heroicos con una protagonista en minifalda.

Más que bocadillos

Eros y tánatos, expresión de la paradoja de la existencia, eros y tánatos como el ouróboros que se goza hasta la extinción.

Más que bocadillos

Eros y tánatos, dos fuerzas superiores jalando los extremos tensos de nuestra existencia. Nos inclinamos, nos bamboleamos, de un lado y hacia el otro. El amor, el deseo, el hambre del cuerpo, el entusiasmo por el encuentro, la dicha de verse en los ojos ajenos, el placer, la risa, la comedia, el orgasmo… y -de pronto- la música lúgubre helándonos la sangre, el memento mori, la certeza de que todo decae, todo termina; la pulsión autodestructiva de acelerar el proceso, fantasías mórbidas, palpitaciones sensación de que nada valió la pena.

Eros y tánatos, expresión de la paradoja de la existencia, eros y tánatos como el ouróboros que se goza hasta la extinción. Eros y tánatos: nosotrxs elevadxs en la danza y nuestra sombra cosida a nuestros pies, jalándonos hacia el abismo.

A finales de 2015 un grupo de alumnxs del taller de Gabriela Ynclán concebimos la idea de ofrecer al público una serie de obras cortas unidas por una sola temática y que estas pudiesen ser obras enteras capaces de abordar y desarrollar conflictos dramáticos interesantes y resolverlos escénicamente con la misma calidad e impacto de una obra de largo aliento. Así es como surgió Es cena, un proyecto de teatro en corto que toma los tiempos de una cena formal (el aperitivo, el plato fuerte y el postre) como modelo para presentar una degustación dramática y que se presentó por primera vez en teatros en marzo y abril del año pasado.

Con textos de dramaturgxs emergentes, directores jóvenes, actrices y actores profesionales, esta semana es cena estrena dos menús totalmente nuevos inspirados en la tensión vida-muerte y sus vericuetos. Igual que el año pasado, uno de los postres es a cuenta mía: Colorado River, una comedia erótica sobre la incomunicación, la incompatibilidad y la tiranía del deseo.

Espero que nos acompañen y se deleiten bocado a bocado con estas obras cortitas, para no empacharse.

 

Es cena. Teatro corto largo corto

del 21 de mayo al 20 de junio

domingos, 19 hrs.

Pan y Circo (Álvaro Obregón 160, col. Roma)

Adolescentes y adultos

$180

Rafeef Ziadah: granada en una mano con buena puntería

¿Puede la poesía cuestionar versiones oficiales, dar voz a quienes nadie escucha, conmover corazones frígidos?

Rafeef Ziadah:

granada en una mano con buena puntería

¿Puede la poesía romper las barreras culturales, religiosas, espaciales? ¿Puede la poesía cuestionar versiones oficiales, dar voz a quienes nadie escucha, conmover corazones frígidos? ¿Puede la poesía detener las bombas que caen del cielo irracional y constantemente? ¿Puede la poesía horadar un boquete en las conciencias para dejar que entre la luz? En un mundo donde el discurso del odio lo explica y lo justifica todo, cada poeta, cada mujer y hombre que se acerca a denunciar los horrores de la guerra con poesía sabe que no y quiere creer que podría.

Todxs los que hemos escrito poesía en países devastados en tiempos inciertos, en pueblos que siguen a arañazo de tierra, a patada limpia, a grito pelado, todxs lxs que hemos estado ahí sin poder ser algo más que testigos soñamos con que de algo nos valga la poesía. Porque no tenemos armas, ni formamos ejércitos ni tenemos voz de mando y porque simplemente no creemos en la guerra: por ninguna causa, bajo ningún concepto; la guerra es una equivocación. Para nosotrxs -lxs locxs, ingenuxs, idealistas- la poesía aspira a ser granada en una mano con buena puntería, esa es nuestra arma, nuestro credo.

Cuando me topé por primera vez con el más célebre poema de Rafeef Ziadah “We teach life, Sir.” estaba en un lugar público, pero eso no detuvo mis lágrimas enfebrecidas, el temblor de mi garganta, el sudor sobre las palmas de mis manos. No detuvo el impacto, el golpe entre las costillas: lo que estaba viendo, lo que estaba escuchando, lo que estaba sintiendo; era exactamente el mismo hartazgo mío por las cosas que suceden indeteniblemente, indefectiblemente en el lugar en donde una vive, de donde una viene. Las sufres, aunque no las veas; te ocurren, aunque le pasen a alguien más, a lxs hijxs de alguien más, a los padres de alguien más, a las hermanas, las madres y las amigas de otrxs. La guerra de los poemas de Ziadah es, con sus siniestras características locales, la misma guerra que han retratado todxs lxs poetas, pero por sobretodo, la misma guerra mía, la del país en el que vivo.

La guerra en los países como México y Palestina es una necesidad del vecino rico, del vecino poderoso; es el resultado de la obstinada resistencia de los pueblos a convertirse del todo en esclavos o a persistir (con necia insistencia) en seguir existiendo. La guerra es el grito ensordecedor que calla todos los discursos y a ella sin embargo puede oponerse la poesía.

Rafeef Ziadah nació en Líbano el mismo año que yo. Nunca ha pisado Palestina. Artista de la palabra, ha participado en sinnúmero de encuentros de poetas, manifestaciones en contra de la guerra y tiene un espectáculo itinerante de guitarra y poesía. Su voz es la denuncia que no para. Certera como las bombas, ácida y humorística, tiene el don de hablar para ser comprendida. Por lo menos diez de sus trabajos pueden ser reproducidos en video a través de la internet. Su poema “We teach life, Sir.” se encuentra subtitulado al español.

¿Puede entonces la poesía romper las barreras culturales, religiosas, espaciales?..

Delta luminoso o por qué prefiero el libre pastoreo

No tenemos libertad de elegir en qué posamos nuestra mirada, tampoco de interpretar eso que vemos de acuerdo a nuestros propios referentes

Delta luminoso

o por qué prefiero el libre pastoreo

El ojo engaña. El ojo hace creer. El ojo dice que hay lluvia donde sólo hay nubes: interpreta, se adelanta, se confunde. Desde el surgimiento de la fotografía, nos hemos constituido como una sociedad visual; “nuestros propios ojos” miran la guerra que ocurre en Irak, la cola anillada de los lemures, la lluvia sobre el desierto del Sahara, la alineación de las estrellas del cinturón de Orión con las pirámides de Guiza y Teotihuacan, el rostro desencajado de las madres y padres de los desaparecidos de Ayotzinapa, pero ¿en realidad los hemos visto? ¿hemos conocido, comprendido, dimensionado lo que hemos visto, su significado y consecuencias? “Estos ojos lo han visto todo” o casi todo y diría mi mamá, “el ‘casi’ es lo que me preocupa”. Vemos, vemos, constante e indiscriminadamente, fijamos imágenes en el consciente y en el inconsciente; las reproducimos por dentro de nuestros párpados mientras pensamos, recordamos o dormimos con horror y con miedo, con deseo, con lujuria, con culposo placer, pero ¿estamos eligiendo lo que vemos?

La fotografía, el cine, la televisión y las redes sociales nos están bombardeando todo el tiempo con una enorme cantidad de estímulos visuales que no somos capaces de procesar. Sin voluntad de pormedio, sin filtro, recibimos “impresiones” del supuesto país, mundo, universo en el que vivimos, pero que en realidad desconocemos y peor, creemos con certeza conocer; hoy, más que nunca, la convención de la realidad supera y aplasta la experiencia subjetiva y todo su valor comunicativo y creador.

Antes de esta “era” del privilegio de lo visual, la gente adquiría sus conocimientos de manera empírica y los ampliaba únicamente hablando y leyendo. A diferencia de lo que sucede hoy día, la experiencia vivida con todos los sentidos (gestionando unx mismx qué es lo que merece ser observado, tocado, sentido, degustado, olfateado, ignorado, imaginado, intuido; en qué orden, de qué manera y por cuánto tiempo) podía nutrirse de otras (vividas o no) mediante una serie de narrativas: otras subjetividades humanas sin dispositivos tecnológicos de por medio. Esto permitía que hubiera una conexión interpersonal y un discurso humano por encima de lo que hoy se considera una “versión oficial” de lo que hay y cómo debe ser visto.

Digamos, por ejemplo, que alguien viaja a Palenque: sin conocimiento previo, sin documentales, sin guía, sin mapa y llegando al sitio lo camina, lo hace suyo a su manera y queda satisfechx. No subió a lo más alto de la pirámide de la cruz, no entró a la cámara de la reina roja, no vio los grafitis hechos por los exploradores de otros siglos, no tomó fotografías. Cuando comparta su experiencia con otrxs podrá hablarles de una mariposa amarilla revoloteando alrededor de una ceiba (o árbol, tal vez no sepa que es ceiba), el arroyuelo y cascada cercanos donde se fue a refrescar, la hermosa puesta de sol entre las dos pirámides… Si quien escucha su relato se encuentra en su misma situación, escuchará complacidx y deleitadx; pero si ha visto el documental o leído el libro o ha recorrido el sitio “correctamente” y con guía, se sentirá en la obligación de darle datos históricos, de explicarle muchas cosas, de hacerle ver todo lo que se perdió, anulará su experiencia. No tenemos libertad de elegir en qué posamos nuestra mirada, tampoco de interpretar eso que vemos de acuerdo a nuestros propios referentes; para eso están lxs expertos: historiadorxs, antropólogxs, críticxs de arte; personas que “saben ver” y que nos pueden ilustrar sobre la “verdadera naturaleza” de lo que observamos.

El ojo se ha convertido en un tirano. Dentro de su imperio se erigen todas las cosas que nos rodean. Con artificial monstruosidad ha desarrollado microscopios y telescopios para permitirnos ver lo que nuestros ojos jamás hubieran podido, a cambio nos pide sólo nuestra total credulidad: eso que estamos viendo es hermoso porque otrxs dicen, terrible si así fue descrito y “el quid del misterio de la vida” si así han decidido llamarle.

Yo, por mi parte, prefiero dudar. Dejo al Todopoderoso encerrado entre tres paredes en lo alto de una pirámide en el billete de un dólar y abro un libro o un cuaderno que me permita, si no la dignidad del conocimiento, la libertad de la imaginación.

8M: La ola violeta

Hay un Día Internacional de la Mujer porque de cada 10 analfabetxs, 7 son mujeres o niñas.

8M: La ola violeta

El 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer Trabajadora en honor a 140 costureras que fueron asesinadas mediante un incendio provocado por exigir derechos laborales en la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de Nueva York en 1911. Este aniversario luctuoso, se convirtió en un símbolo de la lucha de las mujeres por mejorar sus condiciones, ser reconocidas y buscar una igualdad jurídica, laboral, social y familiar. El Día de la Mujer no es una celebración por lo que es totalmente equívoco felicitarnos en esta fecha o aprovechar la ocasión para regalar flores y chocolates a las que no los recibimos el día de las madres. El día de la mujer es una fecha para visibilizar el trabajo diario y los esfuerzos de las mujeres por equilibrar un mundo que aunque hacemos funcionar disfrutamos y usufructuamos en mucha menor medida que los varones.

Alrededor del mundo, el día de la mujer se realizan diversas actividades políticas demandando respeto por nuestra vida, cuerpos y derechos. Para quienes todavía se preguntan por qué se necesita un día como este, les regalo algunas de las razones que a mí se me ocurrieron (afirmo sin temor a equivocarme que deben haber cientos más):

1.- Hay un Día Internacional de la Mujer porque en tiempos de paz el lugar más peligroso para una mujer o niña es su propia casa.

2.- Hay un Día Internacional de la Mujer porque se necesita hacer conciencia de que estamos siendo violadas, explotadas, asesinadas, minimizadas, sometidas en miles de lugares y formas todos los días, desde que se instauró el patriarcado.

3.- Hay un Día Internacional de la Mujer porque cuando ellos quieren defender nuestros derechos, dicen que no deben matarnos porque somos SUS madres, hijas, hermanas, esposas…

4.- Hay un Día Internacional de la Mujer porque de cada 10 analfabetxs, 7 son mujeres o niñas.

5.- Hay un Día Internacional de la Mujer porque 6 mujeres son asesinadas al día, sólo en nuestro país.

6.- Hay un Día Internacional de la Mujer porque si eres asesinada, los medios te culparán a ti.

7.- Hay un Día Internacional de la Mujer porque en la mayor parte de los países es legal despedir a alguien por estar embarazada.

8.- Hay un Día Internacional de la Mujer porque las lesbianas son discriminadas e invisibilizadas dentro de la propia lucha feminista.

9.- Hay un Día Internacional de la Mujer porque en muchas culturas todavía se le exige dote a la familia de la novia.

10.- Hay un Día Internacional de la Mujer porque todavía hay países que practican la ablación.

11.- Hay un Día Internacional de la Mujer porque aún somos las cuidadoras del 70% de lxs niñxs, lxs enfermxs y lxs ancianxs del mundo.

12.- Hay un Día Internacional de la Mujer porque 6 de cada 10 mujeres migrantes son violadas antes de llegar a su lugar de destino.

13.- Hay un Día Internacional de la Mujer porque todavía hay países en los que es legal el matrimonio infantil.

14.- Hay un Día Internacional de la Mujer porque las mujeres transexuales son la población humana más asesinada del mundo.

15.- Hay un Día Internacional de la Mujer porque si viajas con una o varias amigas seguirán diciendo que estaban “solas”.

16.- Hay un Día Internacional de la Mujer porque aunque somos presionadas a ser madres, no nos dejan amamantar en público.

17.- Hay un Día Internacional de la Mujer porque seguimos ganando hasta el 30% menos por hacer el mismo trabajo.

18.- Hay un Día Internacional de la Mujer porque cuando solicitan hombres para un trabajo no les parece “indispensable” la “buena presentación”.

19.- Hay un Día Internacional de la Mujer porque si eres violada te preguntarán qué llevabas puesto.

20.- Hay un Día Internacional de la Mujer porque cerca del 70% de las víctimas de trata son mujeres

21.- Hay un Día Internacional de la Mujer porque hoy día 12 países penalizan el aborto con cárcel, 5 de ellos sin importar si fue espontáneo.

22.- Hay un Día Internacional de la Mujer porque todavía se lapidan “adúlteras” y “prostitutas” en las plazas públicas.

23.- Hay un Día Internacional de la Mujer porque seguimos siendo juzgadas por nuestra forma de vestir.

24.- Hay un Día Internacional de la Mujer porque si el trabajo sexual es ilegal a quien se castiga es a quien lo ejerce y no a quien lo consume.

25.- Hay un Día Internacional de la Mujer porque, en los últimos años, el feminicidio ha aumentado 68% a nivel global.

Este 8 de marzo, sé parte de este movimiento universal, únete al paro, a las manifestaciones públicas de repudio a los crímenes y los abusos contra mujeres y niñas. Infórmate y participa.

#8M

#NosotrasParamos

#NiUnaMenos

#VivasNosQueremos

Dulces lapsus de cordura para la mujer moderna

Rosario Castellanos, pionera en todo, se desnuda en este poema y pone su dedo -casi puntiagudo- en la llaga de millones

Dulces lapsus de cordura

para la mujer moderna

A veces ( y no trates

de restarle importancia

diciendo que no ocurre con frecuencia)

se te quiebra la vara con que mides,

se te extravia la brújula

y ya no tienes nada.

El día se convierte en una sucesión

de hechos incoherentes, de funciones

que vas desempeñando por inercia y por hábito.

Y lo vives. Y dictas el oficio

a quienes corresponde. Y le das la clase

lo mismo a los alumnos inscritos que al oyente

Y en la noche redactas el texto que la imprenta

devorará mañana.

Y vigilas (oh, sólo por encima)

la marcha de la casa, la perfecta

coordinación de múltiples programas

-porque el hijo mayor ya viste de etiqueta

para ir de chambelán a un baile de quince años

y el menor quiere ser futbolista y el de en medio

tiene un póster del Che junto a su tocadiscos.

Y repasas las cuentas del gasto y reflexionas

junto a la cocinera, sobre el costo

de la vida y el ars magna combinatoria

del que surge el menú posible y cotidiano.

Y aún tienes voluntad para desmaquillarte

y ponerte la crema nutritiva y aún leer

algunas líneas antes de consumir la lámpara.

Y en la oscuridad, en el umbral del sueño,

echas de menos lo que se ha perdido:

el diamante de más precio, la cata

de marear, el libro

con cien preguntas básicas (y sus correspondientes

respuestas) para un diálogo

elemental siquiera con la Esfinge.

Y tienes la penosa sensación

de que en el crucigrama se deslizó una errata

que lo hace irresoluble.

Y deletreas el nombre del Caos. Y no puedes

dormir si no destapas

el frasco de pastillas y si no tragas una

en la que se condensa,

químicamente pura, la ordenación del mundo.

“Valium 10”, Rosario Castellanos

Funcionar. Seguir funcionando. Contra todo pronóstico: día y noche durante los 200 hábiles del calendario escolar. Durante las evaluaciones y los extraordinarios. Durante las vacaciones con hijxs. Dar la clase. Investigar. Producir. Parecer normal. Vestirse adecuadamente a tu rango, edad, color de piel, tipo de cuerpo; no verte frívola, descuidada, provocativa ni anticuada. Morir de pie, como un árbol. Despertar viva al otro día, azorada y no tan agradecida… Seguir… Seguir sin descanso… Pocas académicas confiesan esto; pocas madres, esposas, hijas: el costo de mantenerse cuerda es aceptar, como Castellanos, que se ha enloquecido.

La mayor parte de las escritoras mexicanas anteriores a los ochenta tomaron medicina psiquiátrica; muchas, inclusive, estuvieron internadas en instituciones de “salud mental”. Opio, Valium, Diazepam, Prozac, Xanax, Rivotril se administran a destajo a señoras agotadas, dependiendo de la moda de época: las mujeres siempre hemos estado locas.

Rosario Castellanos, pionera en todo, se desnuda en este poema y pone su dedo -casi puntiagudo- en la llaga de millones; las sobresalientes mujeres profesionistas habrán de pagar su ambición con jirones de estabilidad, prestigio y bonhomía, llevarán existencias sobresaltadas y sin cuartel y -probablemente- necesitarán drogas para ordenarse y mantenerse.

Valium 10 es el grito desesperado de la buena madre, la buena maestra, la buena ama de casa que no puede más y a la que nadie mira. Castellanos, visionaria y siempre vigente, nos regala una pregunta tácita a la que ni la Esfinge le ha dedicado siquiera un triste acertijo sin respuesta.

Memento Mori

Manrique siguió haciéndome versos en la cabeza.

Memento mori

Días raros, días extraños de estar en casa. Enferma, un poquito deprimida; días de pensar la vida de presente a pasado. “Pensar” como si fuera un acto voluntario, más bien “ser visitada por los recuerdos”, a los que -de pronto- les di permiso de regresar. Tosiendo, moqueando, sudando frío, delirando a ratos, dormitando, vomitando… así se llegó la presentación de Cangrejo, poesía sobre el cáncer de mi madre, poemario sobre su muerte, sobre mi duelo sin resignación, todavía… Y aquí y ahí frente a todxs, mientras leía los poemas, volvía a mi cabeza otro recuerdo: yo, joven universitaria de segundo semestre descubriendo por vez primera las Coplas a la muerte de su padre:

Recuerde el alma dormida,

avive el seso e despierte

contemplando

cómo se passa la vida,

cómo se viene la muerte

tan callando;

cuán presto se va el plazer,

cómo, después de acordado,

da dolor;

cómo, a nuestro parescer,

cualquiere tiempo passado

fue mejor”

Yo tocada, yo conmovida, yo hecha trizas por el dolor que se quedó intacto en un verso sin tiempo: yo adelantándome a mi propia pérdida, obnubilada por la patética belleza de las palabras de don Georgivs Manriqve Toletanvs, que 522 años antes había llorado a su padre, el rey, en el más funesto de sus días. Lo había olvidado, había olvidado a Jorge Manrique, sus coplas y la impresión tan grande que me causaron, pero bastaba una gripe extraña para hacerlos emerger de mí, de donde sea que en mi cuerpo estaban alojados…

El libro se presentó en una conmovedora lectura íntima. Mi voz, agrietada y temblorosa confesó todo el dolor de lo vivido. Abracé, me abrazaron: sobreviví a una más de mis empresas imposibles. Volví a casa a convalecer. Manrique siguió haciéndome versos en la cabeza.

¿Quién es Zuleyka Montes?

Zuleyka Montes es Alejandra Bogue. Alejandra Bogue es Zuleyka Montes. Zuleyka Montes es una mujer de 71 años de edad: burlesquera, cabaretera, medio rumbera, modelo y actriz.

¿Quién es Zuleyka Montes?

Zuleyka Montes es Alejandra Bogue. Alejandra Bogue es Zuleyka Montes. Zuleyka Montes es una mujer de 71 años de edad: burlesquera, cabaretera, medio rumbera, modelo y actriz. Alejandra Bogue es un mito, un hito, un referente de la cultura pop chilanga LGBT (y no) desde los años noventa: bailarina, actriz, conductora, imitadora, comediante y modelo transgénero, la más reconocida hasta ahora, por mucho tiempo, la única.

Juntas, Zuleyka y Alejandra, nos hacen viajar tiempo y espacio desde una pequeña sala de teatro de escasos dos metros cuadrados. Ahí conoceremos las memorias de pluma y lentejuela de una anciana poco convencional, nos deleitaremos con algo de historia y mucho de memoria: memoria viva de sudor y carne.

No existe todavía foro o papel tan pequeño que la Bogue no lo pudiera hacer crecer infinitesimalmente, pero en Zuleyka Montes, simplemente está ENORME.

Profundidad, intensidad, belleza: quince minutos para recordar que la vida es una fiesta.

Zuleyka Montes

suite 7 de Microteatro

Todo febrero: Jueves y viernes a partir de las 19 hrs.

Sábados, 18 hrs. Domingos 17 hrs.

Roble 3, Santa María la Ribera

Acerca de mi más reciente poemario

Cangrejo es un libro que el mundo no necesita pero sin el que hoy, yo no podría seguir viva.

Acerca de mi más reciente poemario

“Resistir la sumersión”, aguantar la respiración y la sensación de ahogo. Penetrar las emociones. Atreverse a mirarlas de frente, a explorarlas, a ponerlas bajo el microscopio (para saber de qué están hechas). Palparlas con las dos manos, conocer su dimensión y su peso; resistirlas sin importar que duelan: permanecer en ellas para que el texto surja. Ese es mi método. Esa es mi clase de literatura y mi taller de creación; eso es lo que les repito a mis alumnxs, lo que les enseño, que la literatura se hace de retazos de unx mismx, de la vida y que extraerlos cuesta y duele y que sólo por eso vale, por eso y por lo que viene después, el trabajo de hacerlos algo más que un grito desgarrado, el trabajo de pulirlos como diamantes preciosos para que buscando esa belleza, hagamos catarsis todxs…

Mi madre murió a los 48 años. De cáncer en la lengua. Yo nunca me detuve. No dejé de ir al trabajo, ni a la universidad. No dejé de salir, de viajar, de ver a lxs amigxs. No dejé de escribir. No le dije nada a nadie en cuatro de los cinco años que estuvo con la enfermedad. No me detuve cuando murió. Fue un martes. El jueves fui a la escuela y una maestra me gritó que me saliera del salón porque ya tenía dos faltas. Me fuí. No quise explicarle. Tenía veintiún años y no quería que me tuvieran compasión, privilegio, comprensión, lástima: quería que fueran mis amigxs, que se enamoraran de mí, que me invitaran a beber y a bailar, que la vida siguiera… Corrí. Me enamoré de una mujer, se lo dije a todo el mundo, se escandalizaron. Me salí de mi casa. Jugué a la casita. Fui a España con mi hermana. Terminé con la mujer. Bebí de miércoles a domingo. Bailé de jueves a sábado. Viví siete casas en cinco años. Hice fiestas lésbicas. Di clases en decenas de escuelas y empresas. Publiqué dos libros. Fui maestra, mesera, bartender, editora, reportera, traductora, correctora. Di talleres, leí a Helene Cixous, incorporé a mi ideología y discurso el choro de la sumersión: y, en todos esos años, ocho, para ser exacta, jamás mencioné la palabra “cáncer”.

Cangrejo es un libro que como un géiser salió de mis entrañas con toda fuerza y me perforó. En él pude resistir de una vez por todas la experiencia, intocada e inaceptada, de la enfermedad y muerte de mi mamá. Dieciocho poemas brevísimos que abarcan la angustia, la frustración, el dolor y la pérdida paulatina -desgarradora- tanto de su presencia y protección, como del hogar que había formado.

Cangrejo no da ninguna esperanza de recuperación, ninguna concesión, ningún aliento. Tampoco coloca a nadie como protagonista heroica de “la batalla contra el cáncer”. Es un vómito de químicos diagnósticos y discursos; un libro que el mundo no necesita pero sin el que hoy, yo no podría seguir viva.

Nunca pensé en que este libro se publicara, fue la insistencia de mi esposa y mi editora la que lo hizo posible. Su presentación significa para mí el más grande reto a la sumersión, resistencia y autoexploración literaria que haya llevado a cabo hasta ahora, pero lo recibo de buen grado porque fue como debía ser (la maestra es maestra porque no teme ser eternamente alumna, eternamente a prueba).

Quienes hoy tienen acceso a este texto, están invitadxs a este ejercicio -si es que esta advertencia no lxs ha del todo ahuyentado-, a compartir conmigo esta lectura pública y privada, a conocerme rota y entera, como soy, en esta ocasión única: la presentación de este poemario de amor doloroso, intitulado Cangrejo.

Aquí la invitación al evento, con sólo dejarme su correo electrónico: Dá clic aquí

Lxs espero, con todo cariño

Artemisa

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