Dulces lapsus de cordura para la mujer moderna

Rosario Castellanos, pionera en todo, se desnuda en este poema y pone su dedo -casi puntiagudo- en la llaga de millones

Dulces lapsus de cordura

para la mujer moderna

A veces ( y no trates

de restarle importancia

diciendo que no ocurre con frecuencia)

se te quiebra la vara con que mides,

se te extravia la brújula

y ya no tienes nada.

El día se convierte en una sucesión

de hechos incoherentes, de funciones

que vas desempeñando por inercia y por hábito.

Y lo vives. Y dictas el oficio

a quienes corresponde. Y le das la clase

lo mismo a los alumnos inscritos que al oyente

Y en la noche redactas el texto que la imprenta

devorará mañana.

Y vigilas (oh, sólo por encima)

la marcha de la casa, la perfecta

coordinación de múltiples programas

-porque el hijo mayor ya viste de etiqueta

para ir de chambelán a un baile de quince años

y el menor quiere ser futbolista y el de en medio

tiene un póster del Che junto a su tocadiscos.

Y repasas las cuentas del gasto y reflexionas

junto a la cocinera, sobre el costo

de la vida y el ars magna combinatoria

del que surge el menú posible y cotidiano.

Y aún tienes voluntad para desmaquillarte

y ponerte la crema nutritiva y aún leer

algunas líneas antes de consumir la lámpara.

Y en la oscuridad, en el umbral del sueño,

echas de menos lo que se ha perdido:

el diamante de más precio, la cata

de marear, el libro

con cien preguntas básicas (y sus correspondientes

respuestas) para un diálogo

elemental siquiera con la Esfinge.

Y tienes la penosa sensación

de que en el crucigrama se deslizó una errata

que lo hace irresoluble.

Y deletreas el nombre del Caos. Y no puedes

dormir si no destapas

el frasco de pastillas y si no tragas una

en la que se condensa,

químicamente pura, la ordenación del mundo.

“Valium 10”, Rosario Castellanos

Funcionar. Seguir funcionando. Contra todo pronóstico: día y noche durante los 200 hábiles del calendario escolar. Durante las evaluaciones y los extraordinarios. Durante las vacaciones con hijxs. Dar la clase. Investigar. Producir. Parecer normal. Vestirse adecuadamente a tu rango, edad, color de piel, tipo de cuerpo; no verte frívola, descuidada, provocativa ni anticuada. Morir de pie, como un árbol. Despertar viva al otro día, azorada y no tan agradecida… Seguir… Seguir sin descanso… Pocas académicas confiesan esto; pocas madres, esposas, hijas: el costo de mantenerse cuerda es aceptar, como Castellanos, que se ha enloquecido.

La mayor parte de las escritoras mexicanas anteriores a los ochenta tomaron medicina psiquiátrica; muchas, inclusive, estuvieron internadas en instituciones de “salud mental”. Opio, Valium, Diazepam, Prozac, Xanax, Rivotril se administran a destajo a señoras agotadas, dependiendo de la moda de época: las mujeres siempre hemos estado locas.

Rosario Castellanos, pionera en todo, se desnuda en este poema y pone su dedo -casi puntiagudo- en la llaga de millones; las sobresalientes mujeres profesionistas habrán de pagar su ambición con jirones de estabilidad, prestigio y bonhomía, llevarán existencias sobresaltadas y sin cuartel y -probablemente- necesitarán drogas para ordenarse y mantenerse.

Valium 10 es el grito desesperado de la buena madre, la buena maestra, la buena ama de casa que no puede más y a la que nadie mira. Castellanos, visionaria y siempre vigente, nos regala una pregunta tácita a la que ni la Esfinge le ha dedicado siquiera un triste acertijo sin respuesta.

Memento Mori

Manrique siguió haciéndome versos en la cabeza.

Memento mori

Días raros, días extraños de estar en casa. Enferma, un poquito deprimida; días de pensar la vida de presente a pasado. “Pensar” como si fuera un acto voluntario, más bien “ser visitada por los recuerdos”, a los que -de pronto- les di permiso de regresar. Tosiendo, moqueando, sudando frío, delirando a ratos, dormitando, vomitando… así se llegó la presentación de Cangrejo, poesía sobre el cáncer de mi madre, poemario sobre su muerte, sobre mi duelo sin resignación, todavía… Y aquí y ahí frente a todxs, mientras leía los poemas, volvía a mi cabeza otro recuerdo: yo, joven universitaria de segundo semestre descubriendo por vez primera las Coplas a la muerte de su padre:

Recuerde el alma dormida,

avive el seso e despierte

contemplando

cómo se passa la vida,

cómo se viene la muerte

tan callando;

cuán presto se va el plazer,

cómo, después de acordado,

da dolor;

cómo, a nuestro parescer,

cualquiere tiempo passado

fue mejor”

Yo tocada, yo conmovida, yo hecha trizas por el dolor que se quedó intacto en un verso sin tiempo: yo adelantándome a mi propia pérdida, obnubilada por la patética belleza de las palabras de don Georgivs Manriqve Toletanvs, que 522 años antes había llorado a su padre, el rey, en el más funesto de sus días. Lo había olvidado, había olvidado a Jorge Manrique, sus coplas y la impresión tan grande que me causaron, pero bastaba una gripe extraña para hacerlos emerger de mí, de donde sea que en mi cuerpo estaban alojados…

El libro se presentó en una conmovedora lectura íntima. Mi voz, agrietada y temblorosa confesó todo el dolor de lo vivido. Abracé, me abrazaron: sobreviví a una más de mis empresas imposibles. Volví a casa a convalecer. Manrique siguió haciéndome versos en la cabeza.

¿Quién es Zuleyka Montes?

Zuleyka Montes es Alejandra Bogue. Alejandra Bogue es Zuleyka Montes. Zuleyka Montes es una mujer de 71 años de edad: burlesquera, cabaretera, medio rumbera, modelo y actriz.

¿Quién es Zuleyka Montes?

Zuleyka Montes es Alejandra Bogue. Alejandra Bogue es Zuleyka Montes. Zuleyka Montes es una mujer de 71 años de edad: burlesquera, cabaretera, medio rumbera, modelo y actriz. Alejandra Bogue es un mito, un hito, un referente de la cultura pop chilanga LGBT (y no) desde los años noventa: bailarina, actriz, conductora, imitadora, comediante y modelo transgénero, la más reconocida hasta ahora, por mucho tiempo, la única.

Juntas, Zuleyka y Alejandra, nos hacen viajar tiempo y espacio desde una pequeña sala de teatro de escasos dos metros cuadrados. Ahí conoceremos las memorias de pluma y lentejuela de una anciana poco convencional, nos deleitaremos con algo de historia y mucho de memoria: memoria viva de sudor y carne.

No existe todavía foro o papel tan pequeño que la Bogue no lo pudiera hacer crecer infinitesimalmente, pero en Zuleyka Montes, simplemente está ENORME.

Profundidad, intensidad, belleza: quince minutos para recordar que la vida es una fiesta.

Zuleyka Montes

suite 7 de Microteatro

Todo febrero: Jueves y viernes a partir de las 19 hrs.

Sábados, 18 hrs. Domingos 17 hrs.

Roble 3, Santa María la Ribera

Acerca de mi más reciente poemario

Cangrejo es un libro que el mundo no necesita pero sin el que hoy, yo no podría seguir viva.

Acerca de mi más reciente poemario

“Resistir la sumersión”, aguantar la respiración y la sensación de ahogo. Penetrar las emociones. Atreverse a mirarlas de frente, a explorarlas, a ponerlas bajo el microscopio (para saber de qué están hechas). Palparlas con las dos manos, conocer su dimensión y su peso; resistirlas sin importar que duelan: permanecer en ellas para que el texto surja. Ese es mi método. Esa es mi clase de literatura y mi taller de creación; eso es lo que les repito a mis alumnxs, lo que les enseño, que la literatura se hace de retazos de unx mismx, de la vida y que extraerlos cuesta y duele y que sólo por eso vale, por eso y por lo que viene después, el trabajo de hacerlos algo más que un grito desgarrado, el trabajo de pulirlos como diamantes preciosos para que buscando esa belleza, hagamos catarsis todxs…

Mi madre murió a los 48 años. De cáncer en la lengua. Yo nunca me detuve. No dejé de ir al trabajo, ni a la universidad. No dejé de salir, de viajar, de ver a lxs amigxs. No dejé de escribir. No le dije nada a nadie en cuatro de los cinco años que estuvo con la enfermedad. No me detuve cuando murió. Fue un martes. El jueves fui a la escuela y una maestra me gritó que me saliera del salón porque ya tenía dos faltas. Me fuí. No quise explicarle. Tenía veintiún años y no quería que me tuvieran compasión, privilegio, comprensión, lástima: quería que fueran mis amigxs, que se enamoraran de mí, que me invitaran a beber y a bailar, que la vida siguiera… Corrí. Me enamoré de una mujer, se lo dije a todo el mundo, se escandalizaron. Me salí de mi casa. Jugué a la casita. Fui a España con mi hermana. Terminé con la mujer. Bebí de miércoles a domingo. Bailé de jueves a sábado. Viví siete casas en cinco años. Hice fiestas lésbicas. Di clases en decenas de escuelas y empresas. Publiqué dos libros. Fui maestra, mesera, bartender, editora, reportera, traductora, correctora. Di talleres, leí a Helene Cixous, incorporé a mi ideología y discurso el choro de la sumersión: y, en todos esos años, ocho, para ser exacta, jamás mencioné la palabra “cáncer”.

Cangrejo es un libro que como un géiser salió de mis entrañas con toda fuerza y me perforó. En él pude resistir de una vez por todas la experiencia, intocada e inaceptada, de la enfermedad y muerte de mi mamá. Dieciocho poemas brevísimos que abarcan la angustia, la frustración, el dolor y la pérdida paulatina -desgarradora- tanto de su presencia y protección, como del hogar que había formado.

Cangrejo no da ninguna esperanza de recuperación, ninguna concesión, ningún aliento. Tampoco coloca a nadie como protagonista heroica de “la batalla contra el cáncer”. Es un vómito de químicos diagnósticos y discursos; un libro que el mundo no necesita pero sin el que hoy, yo no podría seguir viva.

Nunca pensé en que este libro se publicara, fue la insistencia de mi esposa y mi editora la que lo hizo posible. Su presentación significa para mí el más grande reto a la sumersión, resistencia y autoexploración literaria que haya llevado a cabo hasta ahora, pero lo recibo de buen grado porque fue como debía ser (la maestra es maestra porque no teme ser eternamente alumna, eternamente a prueba).

Quienes hoy tienen acceso a este texto, están invitadxs a este ejercicio -si es que esta advertencia no lxs ha del todo ahuyentado-, a compartir conmigo esta lectura pública y privada, a conocerme rota y entera, como soy, en esta ocasión única: la presentación de este poemario de amor doloroso, intitulado Cangrejo.

Aquí la invitación al evento, con sólo dejarme su correo electrónico: Dá clic aquí

Lxs espero, con todo cariño

Artemisa

Iniciaciones (o del deseo inexplicable de contar la vida)

El cuento es, pues, una manera natural de expresar nuestras ideas, de recordar hechos pasados, de interpretar y compartir la existencia.

Iniciaciones

(o del deseo inexplicable de contar la vida)

El cuento es una narración corta que relata hechos interesantes, importantes o sorprendentes y que, si es efectivo, dura en la memoria para siempre. Es el género literario más antiguo del que se tenga noción. Podemos decir, desenfadada y acertadamente que, el cuento es tan antiguo como lo es el lenguaje. Con un poco de imaginación, nos es fácil saber que en las noches obscuras, los pueblos nómadas que descubrieron el fuego inventaron el mundo de las ideas contándose cosas entre sí. Algunxs, lxs más hábiles tendrían una manera particularmente llamativa de decir las cosas y se habrán convertido, sin buscarlo ni saberlo, en lxs primerxs cuentistas y narradorxs orales… El cuento es nuestro primer contacto con las letras y, si somos afortunadxs, será también el vehículo seguro que nos lleve a conocer los peligros del mundo sin que tengamos que salir a él. El cuento es, pues, una manera natural de expresar nuestras ideas, de recordar hechos pasados, de interpretar y compartir la existencia.

Lxs niñxs no muestran ningún reparo en escribir y contar cuentos a la menor provocación, los cuentos son capaces de hacerlxs soñar con mundos que desconocen, tanto existentes como imaginarios. Cuando crecemos, sin embargo, pocxs conservamos ese gusto por narrar, por escuchar, por experimentar la vida real como nos la inventaron los cuentos: llena de valor y de significado. El cuento fantástico es particularmente repelente para una persona que se considera a sí misma adulta (si no me creen vayan hoy mismo a contarle a su hermana que vieron un hada); la magia, la brujería, las criaturas sobrenaturales, los animales y árboles parlantes, los vaticinios, las maldiciones nos apasionan, pero alguien crecidx y madurx “tiene otras responsabilidades”.

Yo trabajo con lxs demás, quienes no se creyeron eso, quienes aman leer cuentos y de vez en cuando los escriben, aunque sea a escondidas. Trabajo con quienes quieren revelar el lenguaje secreto de las cosas, mirar dentro de sí y más allá de su entorno inmediato. Trabajo con quienes se creen capaces de confiar en que el bien triunfe y también en quienes evocan con sus textos criminales toda la fuerza del mal. Trabajo con locxs que tienen sueños pueriles, que juegan solos, que creen lo inverosímil, que inventan la justicia poética, que se enamoran de ciertas palabras, que repiten obsesivamente historias para no olvidarlas. Trabajo con niñxs: de veinte, cuarenta y setenta años, que todavía se conmueven con su historia favorita de los doce años, que tienen cosas que decir, que fabulan y que inventan.

En el Taller de iniciación al cuento, una vez al año se convoca a todos esos espíritus libres que pueden y quieren arriesgarse a llamarse a sí mismxs “cuentista” y con ello desatar el huracán de su propio destino. Acá se hace la magia, se conoce de dónde viene esta tradición, se desarma el juguete para saber de qué está hecho y sobre todo, cómo funciona.

Acá se recibe a amateurs, consagradxs, bloqueadxs y gente que nunca en su vida ha escrito un cuento pero por alguna razón (inexplicada, pero perfectamente explicable) quiere hacerlo. Acá se aprende, se lee, se escribe, se corrige, se retroalimenta, se comparte, se sueña, como lo hacíamos antes…

Si eres unx de nosotrxs, no esperes un minuto más. Porque en el cuento están inscritos los arcanos de la humanidad. Bienvenidx seas.

Taller de iniciación al cuento

martes de 7 a 9 PM

Voces en Tinta (Niza 23-A, Zona Rosa)

Inscripciones abiertas



La marca en la frente

De Elena Garro nos corresponde conocerla por sus maravillosas novelas, sus inolvidables obras de teatro y sus fascinantes cuentos fantásticos.

La marca en la frente

Aunque sé que muchxs de ustedes apenas se están organizando para recabar firmas, el primero de diciembre la Editorial Drácena dio finalmente la orden de retirar la fajilla que acompañaba su edición de Reencuentro de personajes de Elena Garro.

La consabida descripción (esposa, amante y musa de…) además de androcéntrica y misógina, reduce a una de las más perfectas narradoras de la literatura mexicana a una biografía interesante y relativamente escandalosa, porque su obra, no fue siquiera mencionada.

Después de la referida orden de retiro, la editorial dijo que sólo buscaba poner en contexto la obra y época de la autora.

Sin embargo, el error se borra y el horror persiste. Pocxs saben que la solapa de la misma edición contiene una reseña cargada de aseveraciones del mismo estilo y esa sigue y seguirá circulando de manera desapercibida e impune hasta que se termine la edición. Es que querer revertir lo hecho es querer tapar el sol con un dedo: la industria editorial, las instancias tanto académicas como culturales y el gremio en sí siguen siendo un espacio donde las mujeres son discriminadas y tasadas en función de sus relaciones reales o supuestas con los señores hacedores de cultura. Las mujeres escritoras, críticas e investigadoras literarias no tienen el mismo peso ni son reconocidas o validadas de la misma manera por las instituciones. Retirar esa fajilla no responde mas que a una cuestión de relaciones públicas y de mercadotecnia. Lo fundamental, sería aprovechar esta coyuntura para que las universidades, las editoriales, los medios de comunicación, lxs gestorxs y críticxs hicieran un examen en cuánto y de qué manera se aborda el trabajo de las mujeres y a qué intereses sirve el que, aún a mediados de la segunda década del siglo veintiuno, las vidas sexuales, familiares y afectivas de las autoras terminen por eclipsar sus obras.

El amiguismo literario y académico sigue funcionando con la misma estructura básica de la pandilla callejera: el cabecilla decide por lxs demás quién merece pertenecer al grupo y quién debe de ser aniquiladx. Elena Garro fue señalada por uno de los líderes culturales más tiránicos que hemos tenido en México. Su estigma sigue brillando sobre la frente de ella que, en medio de la celebración del centenario de su nacimiento, sigue siendo socavada por lxs implacables cómplices del establishment priísta.

De Elena Garro nos corresponde conocerla por sus maravillosas novelas, sus inolvidables obras de teatro y sus fascinantes cuentos fantásticos. Reconocerla por su crítica a todas las formas de opresión, por su denuncia del abuso, la persecución y la miseria; por la lucidez de su narrativa, la poesía de sus imágenes y la claridad de sus retratos de la mexicanidad. Su obra hay que leerla, comprenderla, estudiarla, representarla, difundirla, hacerla propia. Y a ella, la Elena de carne y hueso, correspondería, por compasión, olvidarla. A sus lectorxs, en todo el mundo, nos queda la tarea de aprender de ella, de cuestionar el lugar que queremos ocupar dentro de esta vida cultural oligárquica y machista.

Desde mi punto de vista, firmar una petición para que se retire la infame fajilla, logra cumplir los intereses del aparato que queremos criticar, es sólo esconder el polvo bajo la alfombra: la mugre sigue estando ahí, invisible.

Lo mínimo que merece la novela de Garro es que se retire la edición y se vuelva a hacer con el debido aparato crítico. Lo mínimo que merecemos sus lectorxs es que su libro hable únicamente de ella y adecuadamente de su contenido. Lo mínimo que merecemos ambxs es una disculpa pública y un compromiso por parte de la editorial y de otras editoriales de tomar esto como un botón de muestra de esta situación que necesita ser constantemente denunciada, revisada y corregida porque yo no me quedó conforme con que se arranque la cintilla y sigamos adelante con los festejos como si lo que hubiera pasado hubiese sido sólo un chiste de mal gusto adecuado para la camaradería, la superficial indignación y la manufactura de ingeniosos memes para compartir en las redes sociales.

Para quienes no han leído aún la obra de Elena Garro, dejo esta aseveración inequívoca: cada día es otro desperdiciado. Y para quienes desconocen el contenido de la horrorosa solapa, acá se las dejo:

Reencuentro de personajes germina del odio que Elena Garro le profesó desde su divorcio y de la forma más irritante posible a su exmarido, el Premio Nobel Octavio Paz. Un rencor que extendió a toda una clase social: la aristocracia mexicana, tan desdeñosa y misógina entonces. Pero, como tal rencor, no podía ser sino una torturadora obsesión que, para poder desfogarse en plenitud, tuvo que envolverse en las máscaras de este insólito relato.
Narrado como a tientas, Reencuentro de personajes nos sumerge en una atmósfera asfixiante, donde se adivina, a cada paso, el hálito sofocante de una sexualidad morbosa y, a la vez, extraviada en algún punto anterior a la primera línea de la novela. Y mientras avanzamos intrigados por descubrir ese momento original, acabamos presos, como su protagonista, de un conciliábulo de fantoches, sometidos entre sí por la mera abyección sexual o por el más sórdido de los chantajes.
En definitiva, Reencuentro de personajes es un relato agónico y pasmoso sobre el envenenado pudridero en que pueden convertirse las ilusiones truncadas y los prejuicios de clase.

Selma, Nils y mamá

mi madre quien también escribía, me dijo en alguna ocasión que si pasara a la historia con algún texto, le gustaría que se pareciera al de Lagerlöf: “tiene más de cien años haciéndonos viajar y aprender.

Selma, Nils y mamá

Elegí leer El fantástico viaje de Nils Holgersson por una serie de caprichos de mi corazón. Mis compañerxs del libroclub no supieron comprenderlos, aunque someramente se los expliqué, nada parecía ser una razón suficiente para tener que leer un libro infantil iy tan pasado de moda! Lo que probablemente no les dije es que además de todas los datos interesantes que rodean este libro y a su autora, mi madre quien también escribía, me dijo en alguna ocasión que si pasara a la historia con algún texto, le gustaría que se pareciera al de Lagerlöf: “tiene más de cien años haciéndonos viajar, aprender y sonreír”.

Busqué en mi biblioteca (que es en gran medida la biblioteca que me dejó mamá), sabía que ella lo tenía, sabía que lo había tenido, pero había desaparecido sin dejar rastro. Saqué repetitiva y obsesivamente un destartalado libro rojo Titanes de la literatura infantil que no había tocado en los últimos veinte años mas que para moverlo de lugar. “Nils” no estaba, no lo habían compilado en ese volúmen, tampoco existía en un tomo separado; con su característica maldad, había escapado de mí, no sabía siquiera dónde empezar a buscarlo. Encargué El maravilloso viaje de Nils Holgersson a una de las dos librerías en las que trabajo y comencé a leer sobre la novela, sobre su autora…

Selma Lagerlöf era una hermosa dama sueca. Alta y robusta, aparece fotografiada casi siempre con abrigo, sombrero y guantes. Sus ojos pequeños y azules denotan al mismo tiempo fuerza y ternura. En la mayor parte de los retratos está acompañada de su amiga Valborg Olander, en muchos más de lo que puede parecer casual… De pronto, como ráfaga, me llega la idea: ino eran amigas! Busco nuevamente información, sumándole ahora una palabra clave más, “lesbiana”. Voilá! aparecen un sinnúmero de páginas con la referencia de que, efectivamente, la “amiga” Valborg fue en realidad la pareja de Selma por -nada más- cincuenta años.

Lagerlöf ha sido una de las sólo 12 autoras que ha ganado el Premio Nobel de literatura desde 1901, fue la primera mujer y la primera lesbiana (sucedida por Gabriela Mistral). Una mujer compasiva, luchadora, valiente, que conoció el clóset sólo porque en su época y su país ser homosexual era considerado un delito grave. Y digo “sólo” como si me constara, porque a diferencia de la mayoría de las autoras dejó mucha evidencia escrita y fotográfica que ella misma entregó a la Biblioteca Nacional de Suecia con dos condiciones: que no fuera sacada de su país y que estuviera en resguardo sin ser abierta al público hasta cincuenta años después de su fallecimiento. Además de todo, Selma pasó los últimos años de su vida usando su nombre, poder e influencias para salvar a escritorxs, intelectuales y artistas de la persecución nazi: valiente, valiente, valiente y luchadora, sus apasionadas cartas de amor a su pareja de vida y a su amante, Sophie Elkan, fueron abiertas de acuerdo con su deseo, en 1991, probablemente último año en que leí aquel socorrido libro de los “Titanes”…

A medida que fui avanzando en la lectura del “viaje de Nils”, aprendí y me entretuve enormemente buscando las fotografías de los lugares, las flores, los árboles y animales de los que tan profusamente habla y que por ser ella tan nórdica y yo tan citadina es casi imposible que conociera. Descargué un mapa de Suecia que tenía marcados los puntos y la dirección del afamado recorrido en ganso y descubrí también que hay tours por tierra, barco y avión que te llevan a hacerlo.

Hace algunos años, mi primo Pepe, joven cultérrimo y verdadero apasionado de la cultura japonesa (pero no de las caricaturas y los disfraces que lxs autodenominadxs “otakus” aborrecen que llames “caricaturas” y “disfraces”) me prestó la desgarradora novela de Kenzaburo Oé Arrancad la semilla, fusilad a los niños. En ella también se narra detalladamente el recorrido de un adolescente por varias poblaciones del Japón, pero no como una aventura, sino como una larga y dolorosa marcha de la muerte en un país asolado por la peste, el hambre y el miedo. Oé, sin embargo, afirmó en una entrevista haber leído El maravilloso viaje de Nils Holgersson “por lo menos nueve veces mientras era niño” y haber tenido la oportunidad de comprobar que Suecia era tal cual Lagerlöf la había descrito en el libro cuando fue invitado a la ceremonia del Nobel. No puedo dejar de sonreír al imaginar al pequeño Kenzaburo, delgadísimo y con anteojos, repasando por novena vez ese libro que sentiría casi tan suyo como lo sintió Selma.

Acepto que, una vez llegados a Laponia, tuve que esforzarme para seguir leyendo. El sistemático frío, el desgano de Nils y hasta de Morten, su ganso, hicieron que perdiera el enorme entusiasmo con el que comencé la lectura; pero tenía que hacerla (para eso se inventaron en parte los libroclubes), además quería hacerla porque la tenía pendiente desde el día en que mamá la compró para mí y nunca quise leerla.

Al final, lloré un poquito: el viaje se había terminado y como en todos los viajes de la vida, estaba de nuevo en casa transformada en parte en otra. La discusión fue horrenda. Nadie le concedió al joven Nils ni a la vieja Selma un sólo comentario halagüeño, condescendientes sí, algunos. No quise explicar mis caprichos, aunque sí les compartí algunas de las cosas interesantes que había encontrado, visto y leído en la red. Se fueron.

A la mañana siguiente llegó puntual a mi casa Pati. Ella limpia amorosa y discretamente esta casa de mujeres que no limpian. Platicamos del libroclub y del libro. Si me lo presta, dijo, a mi hijo Nacho le gustaría y si no tiene prisa, lo leo yo también, se oye divertido… Durante cuatro meses en casa de Pati leyeron las aventuras de Nils Holgersson: su hijo de ocho al que le gusta mucho leer, su hijo de quince al que no le gusta tanto, su yerno de veinte años que usa muchísimo el metro y ella. Leyeron y platicaron del libro, “sólo su marido y su hija se lo perdieron por sangrones”, se perdieron la aventura y las sobremesas. Pati me devolvió el ejemplar, lleno de líneas de expresión y de huellas de caricias. Con mi pluma verde escribí sobre él: “Nacho, que nunca te falten muchos, muchos de estos”.

Nils volvió a emprender el vuelo y mi corazón se llenó de tierna alegría: mamá y la bella lesbiana escandinava descansan felices en sus tumbas.

Narrar el abuso (Segunda parte)

Al escribir, cada unx de nosotrxs interpretamos y reescribimos lo vivido

Narrar el abuso

(Segunda parte)

2.- Denunciar: sirve para dejar testimonio. Hacer válida una voz que muchas veces fue acallada por lealtad a nuestrxs agresorxs, temor a ofender, incomodar, a ser juzgadxs, perseguidxs o por la creencia de que hay que perdonar o “superar” las cosas porque ya pasaron. El problema es que si no trabajamos las heridas, nunca podemos reacomodar ni resignificar nuestra experiencia (superarla). Cuando narramos eso que nos marcó, aceptamos frente a nosotrxs mismxs que lo que nos hicieron (voluntaria o involuntariamente) fue un daño, que nos dolió y que como todo daño merece un reconocimiento y una reparación.

3.- Sacar del sistema. Hacer catarsis: liberar las emociones enervantes y/o dolorosas vinculadas a nuestros recuerdos. No los recuerdos en sí, sino su valor.

Al escribir, cada unx de nosotrxs interpretamos y reescribimos lo vivido: lo explicamos a un/a lector/a ideal y comprensivx y de ese modo le damos significado a lo que nos ocurrió.

Nadie puede perdonar lo que no comprende. Nadie puede superar lo que aún duele. Nadie podemos sólo seguir sin que se nos reconozca lo que hemos sufrido, sin que haya algún tipo de desagravio.

La escritura nos privilegia con todas esas posibilidades. Si resistimos la contemplación de nuestro propio desastre, podremos adentrarnos en el recuerdo cargado de afectos, sentimientos y sensaciones terribles para irlo desenmarañando. La ubicuidad narrativa posibilita el entender las motivaciones de nuestrxs agresorxs (cuando hay alguna distinta de la crueldad pura), el reacomodo liberador de los hechos y en muchos casos, la solución ficcional (simbólica) de los conflictos.

Quien narra es capaz de colocarse en todos las perspectivas (personajes) de una historia, pero es, finalmente, la única voz que determina los hechos y la manera en que estos son presentados. La escritura, sin importar si es autobiográfica o ficcional, es poder y sirve como antídoto contra la victimización, el silencio, la vulnerabilidad, el caos y el olvido.

¿Cómo funciona?

El curso de la construcción narrativa es personal y por ende inenarrable, sin embargo el ejercicio de narrar el abuso (sea ese el objetivo del texto o no) tiene varias instancias que pueden ser observadas prácticamente en todxs lxs que decidimos compartir nuestro proceso en un grupo.

La primera etapa es la que yo tanto en mi faceta de escritora como en la de tallerista considero la más difícil de todas: descubrir y aceptar el abuso. Decir-nos que la sobreprotección de nuestra madre, la irritabilidad de nuestro abuelo, las bromas pesadas de nuestra mejor amiga, el nombre “de cariño” que nos puso nuestro primer novio, las constantes comparaciones que hacía nuestra tía nos dolían y -aún peor- nos siguen doliendo. Aceptar frente a nosotrxs, lxs compañerxs (si lxs hay) y lxs lectorxs que fuimos lastimadxs, maltratadxs, heridxs, malqueridxs, abandonadxs y/o ridiculizadxs y que, al menos hasta ese momento, seguimos arrastrando ese peso. En este momento de la creación hay que hacer muchas pausas para reconocer cuáles eran las motivaciones y/o circunstancias de quien/es nos infringieron esos daños, las nuestras y toda la sintomatología (física, emocional, psicológica y espiritual) que presentamos en consecuencia. Porque el abuso, por pequeño que parezca, deja secuelas de comportamiento, complejos y creencias falsas que -una vez identificada su raíz- pueden dejar de controlar nuestra vida. El siguiente paso se da inmediatamente y por consecuencia: podemos detener o neutralizar esas emociones negativas para verterlas en el texto (personaje). Ya no soy yo quien tartamudea, llora por todo o tiene pesadillas, es mi protagonista, uno de mis personajes o un yo ficcionalizado. El exorcismo comienza a surtir efecto: el recuerdo queda finalmente en el pasado. La última instancia sería que de este trabajo pudiéramos sanar y ayudar a sanar a otrxs que se identifiquen con nuestro texto. Esta parte rara vez se puede ver en los talleres, pero se intuye; al final de los mismos nos hemos hermanado sin importar si éramos originalmente afines o no, nos comprendemos. Reímos unxs de las historias de lxs otrxs, hacemos chistes sobre mucho de lo vivido, liberado al fin de su ominosa y secreta importancia. No repetir sería la finalidad última y trascendente de este viaje de consciencia, sanar a nuestrxs abusadorxs y no reproducirlxs nunca.

Construirnos libres mediante la ficción

Somos intrínseca y esencialmente libres. Nada ni nadie puede esclavizar nuestro pensamiento ni nuestra capacidad de decidir cómo reaccionamos a los (correctos o incorrectos) ejercicios de poder de lxs demás.

Todo acto de escritura es un trabajo de ficción porque a fin de cuentas, la realidad es una convención limitada cuya mayor parte no puede ser demostrada.

Narrar la experiencia dolorosa del abuso es en sí una subversión, no de las posiciones dadas, pero por lo menos de las aprehendidas y experimentadas en una relación desigual. Convertirse en quien cuenta la historia empodera, libera y permite reinterpretar, porque la vida, como en el sueño, no todo lo que ocurre puede ser traducido en palabras, pero nos permite explicar-nos.

Si estás cansadx de contarte esa misma historia, de hacerte las mismas preguntas, de pasar por tu cabeza una serie de imágenes demasiado viejas, demasiado vistas, atrévete a penetrar en tu secreto para que pongamos juntxs sobre la mesa un nuevo guión para tu película.

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Narrar el abuso (Primera parte)

¿De qué sirve narrar el abuso?

Narrar el abuso sirve en primera instancia para tres cosas: identificarlo, denunciarlo y sacarlo de mi sistema.

Narrar el abuso

(Primera parte)

Definición

Abuso es usar inapropiadamente o en exceso algo: una cosa, una palabra, una sustancia… Abuso es usar a las personas. Servirnos de ellas para propósitos oscuros, incorrectos, egoístas: aprovechar sus cuerpos o sus partes, su tiempo, sus ideas o conocimientos, su potencia de trabajo, sus emociones, sentimientos, creencias; su predilección, admiración, afecto por nosotrxs para manipularlxs y obtener de ellxs lo que queremos. Abusar es también todo exceso en el ejercicio del poder.

Cuando somos pequeñxs, vivimos propensxs al abuso por parte de lxs mayores (niñxs y adultxs) y de autoridades familiares (madre, padre, hermanxs mayores, abuelxs y tíxs) y extrafamiliares (profesorxs, familiares de amigxs, ministrxs de nuestra iglesia).

Tipos de abuso

El abuso puede ser explícito para ambas partes, como cuando hay golpes, insultos, explotación sexual o laboral, tortura física o psicológica, humillación, despojo u otras formas evidentes de maltrato. Sin embargo el abuso y su sintomatología pueden estar presentes en relaciones que parecen plenas y constructivas y, por tanto, sus consecuencias manifiestas en la vida cotidiana de quien experimentó este “abuso velado”, parecen no tener ninguna explicación.

Un “abuso velado” puede ser por ejemplo, la imposición de dietas, horarios, reglas de etiqueta, creencias o prácticas religiosas con las que la persona no se identifica o en las que se encuentra permanentemente incómodx. Otra pueden ser bromas, apodos o críticas leves (de esas que no prenderían el “foco rojo” de nadie) dirigidas a la conducta, apariencia, personalidad de alguien. También la negación y/o el retiro del apoyo, el afecto y sus manifestaciones; el perfeccionismo (“esperaba más de ti”), la dependencia y la sobreprotección.

En fin, que no hay una sola persona en el mundo que lleguemos a la edad adulta sin que tengamos que lidiar con el trauma del abuso y sus secuelas. Nuestrxs familiares y educadorxs, por más amorosos que sean, dejan en nosotrxs la estela de sus propios miedos y sus defectos de carácter. Luego viene la pareja, lxs amigxs, compañerxs de trabajo, familia política, hijxs, jefxs… La lista se acrecienta y nosotrxs, tan lastimadxs, lo único que sabemos hacer es seguir sufriendo, reaccionando y devolviendo a los demás nuestra propia inseguridad convertida una vez más en abuso.

Stop! Stop! Stooop!!! Ya no juego. i¿Qué caso tiene seguir? y, además, ¿Qué tiene todo esto que ver con escritura y/o literatura?! (porque aunque a veces no lo parezca, de eso la gira este blog). Pues mucho: la escritura es un arma fundamental para descubrir-detener-neutralizar-exorcizar los abusos y sobretodo para ayudar a sanar a quienes los recibimos.

¿De qué sirve narrar el abuso?

Narrar el abuso sirve en primera instancia para tres cosas: identificarlo, denunciarlo y sacarlo de mi sistema.

1.- Identificar: El abuso, como dijimos antes, no siempre es algo evidente ni para quien lo recibe ni para quien lo ejerce. En muchos casos se encuentra confundido o disimulado con actitudes más aceptables como las “bromas pesadas”, los consejos o la educación en sí. Identificar el abuso se vuelve entonces muy difícil, sobre todo si hay otrxs (hermanxs, primxs, compañerxs) que habiendo vivido lo mismo, no lo experimentaron de la misma forma. Escribir la propia experiencia pone en evidencia el malestar que se vivó o se vive y nos permite comprender y compartir nuestras motivaciones. Narrar nos obliga a sumergirnos en la vivencia, a bucear en su origen y en sus posibilidades y nos regala una perspectiva doble y privilegiada: el de narrador/a (ajenx, adultx, exterior) y el de personaje (implicado, subjetivo, emocional e interior). Esto no podría darse del mismo modo en una charla, ni siquiera en una terapia oral, ya que en todo momento estamos sujetxs a nuestra unicidad: yo soy yo, igual y equivalente a mí misma y, por tanto, sujeta a una sola forma de ver las cosas (en el caso del abuso, desde la postura de la víctima).

… Continúa la próxima semana… iNo te la pierdas!

Desorientación vocacional y otras desgracias culturales

¿Dónde está el apoyo de las becas, fideicomisos y las fundaciones? ¿Debemos lxs artistas y el público pagar la totalidad de las actividades? y sobre todo, entonces, ¿para qué existen ustedes y sus espacios?

Desorientación vocacional y otras desgracias culturales

¿Quieres exponer? ¿Das cursos o talleres literarios, musicales, teatrales, dancísticos o plásticos? ¿Tienes ya montada una obra de teatro? ¿Quieres presentar un libro, dar un recital, hacer una lectura, performance o concierto? Pues no lo hagas. A menos que conozcas a alguien que de antemano “te preste” su lugar, así: “en buena onda”, “como cuácharas” o tengas suficiente dinero como para pagar por trabajar.

Resulta que en nuestro país los centros culturales tienen los horarios culturales (5-9 PM) totalmente ocupados por clases de salsa, yoga, zumba; cursitos de ángeles, inglés, computación y tarot y no, no pueden cancelarlos para hacer una de las actividades antes mencionadas. Los otros los museos-casa, las casas de la cultura privadas que pertenecen a particulares o fundaciones cobran una renta por hora para utilizar sus espacios, usualmente monopolizados por bodas, cumpleaños, recepciones de graduación, conferencias de imagen, marketing, negocios o finanzas. En nuestro país, las casas de la cultura, no están para servirla y han roto deliberadamente todo vínculo con el grupo deleznable que sigue insistiendo en ella: lxs artistas.

El discurso que prevalece es que las casas de cultura del gobierno se han visto “orilladas” a modificar su oferta porque necesitan obtener recursos para sostenerse. El discurso de las privadas es que “de algo tienen que sobrevivir”. Estimadxs directorxs, gestorxs, administradorxs de estos centros: ¿Dónde está el presupuesto gubernamental de cultura destinado a las casas públicas o subsidiadas? ¿Dónde está el apoyo de las becas, fideicomisos y las fundaciones? ¿Debemos lxs artistas y el público pagar la totalidad de las actividades? y sobre todo, entonces, ¿para qué existen ustedes y sus espacios?

Lxs hacedores de cultura; insaciables, necixs, inextinguibles, nos hemos movido (o ahí sí fuimos “orilladxs”) hacia otros espacios: parques, cafeterías, bares, antros, casas abandonadas que carecen de acondicionamiento, nombre, difusión y público.

En una sociedad que se desmorona frente al hambre, el narcotráfico, la ignorancia, la violencia sistemática y el abuso de poder, no es necesario, sino vital, tener espacios de reflexión, educación, sensibilización y crecimiento. Los centros culturales fueron creados para ser puntos de reunión entre vecinxs, semillero de generaciones mejores, y telares que reestructuren el tan dañado tejido social. La pauperización de estos centros por parte de las autoridades gubernamentales y la cooptación de otros por grupos en los que prevalecen el mercantilismo y el amiguismo son una estrategia dirigida para extinguir y acotar la vastísima producción artística de nuestro país.

Lxs artistas debemos exigir estos espacios, pedirlos de vuelta de este secuestro, denunciar este exilio injustificado; pero sobretodo comprender que no somos nosotrxs (pobretonxs, idealistas…) quienes hemos perdido el rumbo, la coherencia, la cordura, la vocación.

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