Mujer Maravilla: 3 mil veces la misma cara

La Mujer Maravilla decía frases poderosas y rompedoras que clamaban igualdad y justicia para las mujeres.

Mujer Maravilla: 3 mil veces la misma cara.

Más que decepcionante nos resultó a mis amigos y a mí el reciente estreno de La Mujer Maravilla. Dirigida por una mujer, actuada por una actriz poco conocida, esperábamos de la cinta un poco más que una serie de poses bonitas. Y es que la Mujer Maravilla fue en su momento símbolo de un movimiento feminista con el que parece estar divorciada.

La Mujer Maravilla decía frases poderosas y rompedoras que clamaban igualdad y justicia para las mujeres. En no pocas ocasiones, tanto en el cómic (1941) como en la serie (1971) las mujeres fueron presentadas como luchadoras naturales contra la guerra, con una estatura moral mayor a la de los varones. El símbolo de las cadenas rotas (con las que aparecía constantemente la Mujer Maravilla y otros personajes femeninos) era equiparado con el yugo matrimonial y la jerarquía sexual. Cuando Steve -el galán al que ella salvaba episodio tras episodio- le preguntaba cuándo se casarían recibía siempre por respuesta “cuando el mal y la injusticia desaparezcan de la faz de la tierra”.

La Mujer Maravilla era por tanto, una emancipadora de la guerra y sus males, pero también una luchadora abierta por las causas de las mujeres. La misma Lynda Carter (protagonista de la serie de los setentas) ha contado en entrevistas que tanto ella como la producción recibieron críticas y amenazas por algunos diálogos y escenas que resultaron “tan feministas” que hirieron la frágil susceptibilidad del status quo.

En la versión de 2017, sin embargo, encontramos una Mujer Maravilla despolitizada y sin sentido del humor. Ni su imagen ni su discurso nos invitan a cuestionar las formas preestablecidas de la mujer dentro de la sociedad machista. Prototípicamente bella y enamorada, Diana sale de su paradisíaco lugar de origen para sumirse en una guerra en la que no aparece una sola mujer que no sea una víctima, a pesar de que fue precisamente durante la guerra mundial cuando las mujeres empezaron a tener notoria participación en la milicia, la política y la vida pública. El único personaje femenino relevante que figura en la película es Dr. Maru, una especie de científica loca deforme que trabaja para los nazis y que al final es puesta como títere del supervillano varón. Sus aliados son todos hombres, el principal es su novio quien tiene en la cinta tanta importancia como la protagonista.

En el momento crucial -la lucha definitiva entre la Mujer Maravilla y Ares, el dios malo al que Diana se ha pasado persiguiendo toda la película- ella parece particularmente débil y desvalida y sólo puede derrotarlo en el último momento impulsada por el dolor, la pérdida y “su fe en el amor”.

Esta imagen (la mujer que se fortalece y triunfa sólo a través del dolor y el amor) se repite una y otra vez en el cine con personajes arquetípicos y trillados como las princesas de Disney, definitivamente no necesitábamos que viniera la Mujer Maravilla a repetirnos lo

mismo con una minifalda y una diadema diferentes.

El miedo de tener una protagonista femenina fuerte y capaz, una que se enoje, sude, grite y se despeine; una que opaque la violencia masculina con un despliegue de heroísmo brutal, sigue estando presente en el 2017. La Mujer Maravilla no es más que otra excusa para vender una historia de hombres heroicos con una protagonista en minifalda.

Please follow and like us:
Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial