Dulces lapsus de cordura para la mujer moderna

Rosario Castellanos, pionera en todo, se desnuda en este poema y pone su dedo -casi puntiagudo- en la llaga de millones

Dulces lapsus de cordura

para la mujer moderna

A veces ( y no trates

de restarle importancia

diciendo que no ocurre con frecuencia)

se te quiebra la vara con que mides,

se te extravia la brújula

y ya no tienes nada.

El día se convierte en una sucesión

de hechos incoherentes, de funciones

que vas desempeñando por inercia y por hábito.

Y lo vives. Y dictas el oficio

a quienes corresponde. Y le das la clase

lo mismo a los alumnos inscritos que al oyente

Y en la noche redactas el texto que la imprenta

devorará mañana.

Y vigilas (oh, sólo por encima)

la marcha de la casa, la perfecta

coordinación de múltiples programas

-porque el hijo mayor ya viste de etiqueta

para ir de chambelán a un baile de quince años

y el menor quiere ser futbolista y el de en medio

tiene un póster del Che junto a su tocadiscos.

Y repasas las cuentas del gasto y reflexionas

junto a la cocinera, sobre el costo

de la vida y el ars magna combinatoria

del que surge el menú posible y cotidiano.

Y aún tienes voluntad para desmaquillarte

y ponerte la crema nutritiva y aún leer

algunas líneas antes de consumir la lámpara.

Y en la oscuridad, en el umbral del sueño,

echas de menos lo que se ha perdido:

el diamante de más precio, la cata

de marear, el libro

con cien preguntas básicas (y sus correspondientes

respuestas) para un diálogo

elemental siquiera con la Esfinge.

Y tienes la penosa sensación

de que en el crucigrama se deslizó una errata

que lo hace irresoluble.

Y deletreas el nombre del Caos. Y no puedes

dormir si no destapas

el frasco de pastillas y si no tragas una

en la que se condensa,

químicamente pura, la ordenación del mundo.

“Valium 10”, Rosario Castellanos

Funcionar. Seguir funcionando. Contra todo pronóstico: día y noche durante los 200 hábiles del calendario escolar. Durante las evaluaciones y los extraordinarios. Durante las vacaciones con hijxs. Dar la clase. Investigar. Producir. Parecer normal. Vestirse adecuadamente a tu rango, edad, color de piel, tipo de cuerpo; no verte frívola, descuidada, provocativa ni anticuada. Morir de pie, como un árbol. Despertar viva al otro día, azorada y no tan agradecida… Seguir… Seguir sin descanso… Pocas académicas confiesan esto; pocas madres, esposas, hijas: el costo de mantenerse cuerda es aceptar, como Castellanos, que se ha enloquecido.

La mayor parte de las escritoras mexicanas anteriores a los ochenta tomaron medicina psiquiátrica; muchas, inclusive, estuvieron internadas en instituciones de “salud mental”. Opio, Valium, Diazepam, Prozac, Xanax, Rivotril se administran a destajo a señoras agotadas, dependiendo de la moda de época: las mujeres siempre hemos estado locas.

Rosario Castellanos, pionera en todo, se desnuda en este poema y pone su dedo -casi puntiagudo- en la llaga de millones; las sobresalientes mujeres profesionistas habrán de pagar su ambición con jirones de estabilidad, prestigio y bonhomía, llevarán existencias sobresaltadas y sin cuartel y -probablemente- necesitarán drogas para ordenarse y mantenerse.

Valium 10 es el grito desesperado de la buena madre, la buena maestra, la buena ama de casa que no puede más y a la que nadie mira. Castellanos, visionaria y siempre vigente, nos regala una pregunta tácita a la que ni la Esfinge le ha dedicado siquiera un triste acertijo sin respuesta.

Please follow and like us:
Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial