Artemisa Téllez

Escritora Mexicana Artemisa Téllez, novelista, tallerista, poeta y dramaturga. Creadora del taller de cuento erótico para mujeres. Escritora de la novela lésbica ilustrada crema de vainilla.

Escritora mexicana.

Artemisa Téllez (1979) escribidora, artífice de excéntricos talleres literarios y diva de bajo presupuesto, nació en la Ciudad de México a las 9 de la noche de un 24 de agosto en que hubo una gran tormenta.

Su afición por la palabra e inclinaciones literarias se manifestaron pronto cuando  -mientras su tía Gris y ella se balanceaban en el columpio- se dedicaba a conjugar verbos, inventar palabras nuevas y narrar todo cuanto sucedía a su alrededor. El éxito en la multiplicidad de concursos literarios que promueve la Secretaría de Educación la hizo consciente de su supuesto don y a los once años se autodenominó escritora. A los catorce años era más prolífica que Juan Gabriel y escribía rigurosamente un cuento, poema o canción al día, todos ellos de bastante discutible calidad; también hacía cómics, acrósticos, calaveras, una columna de chismes escolares y poemas por encargo que vendía entre maestras y compañeras.

Su poco sorpresivo (aunque muy emotivo) ingreso a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM fue cuatro años más tarde. Ahí -además de tener algunos novios y novias, descubrir sus inclinaciones no literarias, hacerse de los más grandes amigos y los más fieles y sinceros detractores- estudió la licenciatura en Letras Hispánicas y presentó un año más tarde su primer libro.

Versos cautivos (poesía, 2001) fue presentado por Graciela Cándano y Huberto Bátis y marcó para Artemisa el principio de una carrera entre la euforia y el desasosiego: “Versos cautivos salió tarde, fue un hijo póstumo que reconocí mío parcialmente avergonzada. Es que cuando salió a la luz ya no creía en él tan firmemente como cuando lo planeé, dos años antes” La tardanza de la edición se había debido a un fraude, la persona encargada de hacerlo se había huido con el dinero y un amigo de ambas partes trató de conciliar con el trabajo a fin de que nadie se perjudicara. De cualquier modo este fruto un tanto mayugado hizo que la joven autora probara el sabor dulcísimo de las primeras entrevistas, las primeras críticas, los autógrafos, presentaciones y ventas. Publicó en revistas virtuales, antologías estudiantiles y prensa itinerante; incursionó en la turbiedad de la política universitaria y formó su primer ciclo de tertulias literarias: el último jueves de cada mes en el “Café Murmullos”.

Tras la larga enfermedad y muerte de su madre, Artemisa se retiró de la vida pública y se dedicó a hacer un intento por terminar su carrera y establecerse en –non sancto- matrimonio con una mujer. Ninguno de los dos proyectos prosperó y a los tres años, aún sin graduarse y recién separada, presentó su segundo libro Un encuentro y otros, cinco relatos lésbicos que le abrieron las puertas a nuevas maneras y espacios de expresión.

Durante los años siguientes trabajó como “escritora y lesbiana de tiempo completo”. Produjo junto con Fabiola Jiménez dos espectáculos musicopoéticos (“Efímeros goces” e “Inés, yo con tu amor…”) y se presentaron ininterrumpidamente por casi cuatro años en marchas, mítines, festivales y jornadas culturales. Formó parte de una colectiva lésbica (Meras efímeras) que buscaba generar alternativas artísticas, culturales, lúdicas y mediáticas para mujeres lesbianas en México y ha escribió para distintos medios LGBT. Fué también editora de la revista virtual sobre diversidad sexual dentrodelcoctel y de la sección lésbica de la revista Homópolis y locutora y co-productora de la revista radiofónica “Meras efímeras presenta” .

En el año 2006 fundó el primer taller de cuento erótico para mujeres, mismo que ha coordinado por diez años y con el que produjo dos antologías que publicó Aquelarre Editorial: La pluma del deseo y Nacidas de Eros.

Cansada del ajetreo, las desveladas constantes y la vida disipada que en dosis menores solía disfrutar, Artemisa decidió nuevamente cambiar de rumbo, regresó a la universidad y se graduó con postergados honores, se inscribió en la maestría en Letras Mexicanas. 

En esos años de mayor estabilidad y madurez ha publicado artículos y ensayos, participado en más de diez antologías tanto nacionales como internacionales, ganado un par de premios, hecho crítica de teatro y publicado cuatro libros más: Cuerpo de mi soledad, Crema de vainilla, Fotografías instantáneas y Cangrejo. “He sido afortunada, he podido hacer lo que me ha venido en gana y últimamente hasta me pagan por hacerlo”.

Actualmente Artemisa imparte cursos, seminarios y talleres de literatura, ha montado ya, junto con el colectivo Es cena, dos obras de teatro breve de su autoría: Hope y Colorado River.

Ella reconoce que el alcohol ha sido, fue y será, su mayor influencia literaria.

Artemisa Téllez

 

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