Artemisa Téllez

Escritora Mexicana Artemisa Téllez, novelista, tallerista, poeta y dramaturga. Creadora del taller de cuento erótico para mujeres. Escritora de la novela lésbica ilustrada crema de vainilla.

Escritora mexicana.

Artemisa Téllez (1979) escribidora, artífice de excéntricos talleres literarios y diva de bajo presupuesto, nació en la Ciudad de México a las 9 de la noche de un 24 de agosto en que hubo una gran tormenta.

Su afición por la palabra e inclinaciones literarias se manifestaron pronto cuando  -mientras su tía Gris y ella se balanceaban en el columpio- se dedicaba a conjugar verbos, inventar palabras nuevas y narrar todo cuanto sucedía a su alrededor. El éxito en la multiplicidad de concursos literarios que promueve la Secretaría de Educación la hizo consciente de su supuesto don y a los once años se autodenominó escritora. A los catorce años era más prolífica que Juan Gabriel y escribía rigurosamente un cuento, poema o canción al día, todos ellos de bastante discutible calidad; también hacía cómics, acrósticos, calaveras, una columna de chismes escolares y poemas por encargo que vendía entre maestras y compañeras.

Su poco sorpresivo (aunque muy emotivo) ingreso a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM fue cuatro años más tarde. Ahí -además de tener algunos novios y novias, descubrir sus inclinaciones no literarias, hacerse de los más grandes amigos y los más fieles y sinceros detractores- estudió la licenciatura en Letras Hispánicas y presentó un año más tarde su primer libro.

Versos cautivos (poesía, 2001) fue presentado por Graciela Cándano y Huberto Bátis y marcó para Artemisa el principio de una carrera entre la euforia y el desasosiego: “Versos cautivos salió tarde, fue un hijo póstumo que reconocí mío parcialmente avergonzada. Es que cuando salió a la luz ya no creía en él tan firmemente como cuando lo planeé, dos años antes” La tardanza de la edición se había debido a un fraude, la persona encargada de hacerlo se había huido con el dinero y un amigo de ambas partes trató de conciliar con el trabajo a fin de que nadie se perjudicara. De cualquier modo este fruto un tanto mayugado hizo que la joven autora probara el sabor dulcísimo de las primeras entrevistas, las primeras críticas, los autógrafos, presentaciones y ventas. Publicó en revistas virtuales, antologías estudiantiles y prensa itinerante; incursionó en la turbiedad de la política universitaria y formó su primer ciclo de tertulias literarias: el último jueves de cada mes en el “Café Murmullos”.

Tras la larga enfermedad y muerte de su madre, Artemisa se retiró de la vida pública y se dedicó a hacer un intento por terminar su carrera y establecerse en –non sancto- matrimonio con una mujer. Ninguno de los dos proyectos prosperó y a los tres años, aún sin graduarse y recién separada, presentó su segundo libro Un encuentro y otros, cinco relatos lésbicos que le abrieron las puertas a nuevas maneras y espacios de expresión.

Durante los años siguientes trabajó como “escritora y lesbiana de tiempo completo”. Produjo junto con Fabiola Jiménez dos espectáculos musicopoéticos (“Efímeros goces” e “Inés, yo con tu amor…”) y se presentaron ininterrumpidamente por casi cuatro años en marchas, mítines, festivales y jornadas culturales. Formó parte de una colectiva lésbica (Meras efímeras) que buscaba generar alternativas artísticas, culturales, lúdicas y mediáticas para mujeres lesbianas en México y ha escribió para distintos medios LGBT. Fué también editora de la revista virtual sobre diversidad sexual dentrodelcoctel y de la sección lésbica de la revista Homópolis y locutora y co-productora de la revista radiofónica “Meras efímeras presenta” .

En el año 2006 fundó el primer taller de cuento erótico para mujeres, mismo que ha coordinado por diez años y con el que produjo dos antologías que publicó Aquelarre Editorial: La pluma del deseo y Nacidas de Eros.

Cansada del ajetreo, las desveladas constantes y la vida disipada que en dosis menores solía disfrutar, Artemisa decidió nuevamente cambiar de rumbo, regresó a la universidad y se graduó con postergados honores, se inscribió en la maestría en Letras Mexicanas. 

En esos años de mayor estabilidad y madurez ha publicado artículos y ensayos, participado en más de diez antologías tanto nacionales como internacionales, ganado un par de premios, hecho crítica de teatro y publicado cuatro libros más: Cuerpo de mi soledad, Crema de vainilla, Fotografías instantáneas y Cangrejo. “He sido afortunada, he podido hacer lo que me ha venido en gana y últimamente hasta me pagan por hacerlo”.

Actualmente Artemisa imparte cursos, seminarios y talleres de literatura, ha montado ya, junto con el colectivo Es cena, dos obras de teatro breve de su autoría: Hope y Colorado River.

Ella reconoce que el alcohol ha sido, fue y será, su mayor influencia literaria.

Artemisa Téllez

 

Aguantar vara en el trópico

Es el canon el que determina lo que debe de ser conocido y estudiado, por tanto leído y publicado.

Aguantar vara en el trópico

Canon, caña; una vara, no cualquier vara: la vara con la que se mide (y dice la Biblia, también con la que seremos medidxs). Parámetro que permite medir estéticamente. El canon literario está conformado tradicionalmente por un amplio corpus de escritores varones, blancos, heterosexuales, europeos, capitalistas; hoy día, algunos pocos escapan ya a esta descripción, pero ninguno por dos o más de las mencionadas variables.

Esto puede parecernos anticuado, inclusive inverosímil, en un mundo que presume de ser cada vez más global y universalista, donde las -mal- llamadas minorías parecen tener cada vez más voz. Sin embargo para poder entender de qué material está construido el cánon (y su utilidad pedagógica), hay que reflexionar en qué requisitos hacen que un autor sea canónico:

  • Que sea universal (que aborde “los grandes temas humanos”)
  • Que su obra se considere una de las más relevantes en su país
  • Que alguna de sus obras esté en los planes de estudio (por lo menos en su país de origen o donde haya realizado la mayor parte de su trabajo)
  • Que haya sido traducido a las “principales” lenguas (europeas canónicas)
  • Que (por lo menos en su país de origen) tenga escuelas, calles o monumentos que lo emulen
  • Que haya sido reconocido con uno o varios premios literarios de relevancia internacional
  • Que figure en libros de texto
  • Que sus libros estén en existencia permanente en librerías y bibliotecas

Esto nos queda claro con autores como Shakespeare, Dickens, Goethe, Cervantes, Víctor Hugo, Allan Poe, Joyce, Woolf, Maupassant, Dostoievski, Wilde; prácticamente todos los planes de estudio los mencionan, sus obras son leídas en los programas de educación básica de los países europeos y americanos, han sido traducidos a las “principales” lenguas, adaptados en su mayoría al cine y la televisión y muy pocas personas se atreverían a decir que sus obras no son merecedoras de figurar entre los clásicos de la Literatura Unjversal, aún si no los hubiese leído o no le gustaran. Tres de ellos escapan a la perfección del canon que antes mencioné: Woolf no es varón, Wilde no era heterosexual y Poe no era europeo, pero por lo demás cumplen perfectamente en cuanto a sus temas y sus valores estéticos con algo que puede ser considerado canónigo.

El aprendizaje y la enseñanza de la literatura se encuentran irremediablemente ceñidos a estos cánones. Los programas incluyen de vez en cuando la mención a otro tipo de autorxs, pero rara vez se estudian sus obras. Es el canon el que determina lo que debe de ser conocido y estudiado, por tanto leído y publicado. Lxs autorxs que no logran entrar en este sistema tienden a desaparecer paulatinamente en esta espiral.

Si buscamos hacer una genealogía de las letras que se encuentran por fuera del canon (la literatura escrita por mujeres, la literatura escrita en lenguas minoritarias o no oficiales, la literatura que cuyo lenguaje se desarrolla en el límite entre dos o más idiomas, la literatura negra, indígena, de las diásporas y las migraciones, la literatura homosexual y otras tantas) debemos romper también con la manera en la que -al menos en México- se enseña literatura en las escuelas.

En México existe una forma de explicar la historia de la literatura occidental que, aunque tal vez sea útil como mnemotecnia, borra toda posibilidad de vincular las letras con una necesidad expresiva valiosa y verdadera, para convertirlas en una cadena sin sentido de “acciones” y “reacciones”, las llamadas “Teoría de las ondas” y/o “Teoría de la rupturas” hace creer a lxs estudiantes de educación media y media superior que el móvil que tienen lxs autores para crear es: a) el aburrimiento, b) la búsqueda -cosmética- de originalidad o c) el hartazgo de la temática y el estilo establecidos por sus antecesores. Con esta desgracia de sistema se han educado más de veinte generaciones de mexicanxs que, en su mayoría, nunca más estudiarán literatura ni tendrán la oportunidad de hacer una revisión estética ni histórica a esas u otras obras.

La enseñanza de la literatura en nuestro país, establece una visión canónica competitiva, cualitativa, imperialista y varonil de leer la historia de la literatura y los textos en sí, haciendo una equiparación con la también equivocada manera en la que aprendemos historia como tal en la que lo más relevante son las guerras y las revoluciones de los países poderosos. Para comenzar, la historia que nos enseñaron es un recuento limitado, interesado y tendencioso de los hechos del pasado, pero, para no salirnos totalmente de tema, cuando se habla de arte, la guerra y la revolución no destruyen lo anterior, ni necesariamente buscan instaurar algo “mejor”  cuando experimentan con algo distinto. Tanto la “Teoría de la ruptura” como la “Teoría de las ondas” nos convencen de que sí.

Recuerdo a mis profesorxs de secundaria y preparatoria repetir como memorizada la frase “cansados de la subjetividad y el sentimentalismo románticos los autores de la segunda mitad del siglo diecinueve decidieron voltear a la realidad y tomarla como tema de su literatura” Este “cansancio” puede ser leído como una especie de hartazgo creativo, pero también un deseo de buscar originalidad más allá de eso que estaban haciendo sus maestros. Esta visión simplista (la de las “Teorías” antes mencionadas) hay implícitas varias mentiras que no son objeto del presente texto pero que necesitan ser puntualizadas. Antes de ser escritores, los grandes maestros de la literatura o lxs simples mortales que escribimos hemos sido lectorxs abrevando en los textos maravillosos de quienes nos antecedieron. Hemos llegado a las mismas o distintas conclusiones, a temas similares o diversos, a la crítica y a la reescritura y así es cómo ha evolucionado el arte todo: ni “como brincándonos una generación”, ni como “rompiendo con los ancestros”, ni “como de tratando de inventar el agua helada”, ni “yendo hacia un lugar mejor”, más “original”, más “evolucionado”, sino simplemente dialogando desde distintos lugares nuestra propia problemática generacional o existencial a la que respondemos con cuento, teatro novela, ensayo o poesía.

Esta ruptura, vista desde la perspectiva de la literatura de las márgenes, se hace todavía mucho más absurda. Es necesario decir y dejar en claro que han sido las autoras mujeres las más interesadas en leer, conocer y analizar a quienes las precedieron. Han sido las mujeres intelectuales las grandes encargadas de que no muera ese legado y que las obras de sus antecesoras llegue o regrese a los catálogos de publicación, a las antologías, a los programas de estudio y a las bibliotecas. Las mujeres escritoras, maestras e investigadoras literarias han sido las principales en recuperar y honrar ese linaje; porque si se es mujer y escritora, se entiende que las que nos precedieron abrieron caminos a los que nunca hubiéramos podido acceder por nosotras mismas.

Han sido los autores homosexuales los más interesados en leer, conocer y analizar a quienes los precedieron. Han sido los intelectuales gay los grandes encargados de que no muera ese legado y de que llegue o regrese a los catálogos de publicación, a las antologías, a los programas de estudio y a las bibliotecas. Los escritores, maestros y académicos homosexuales han sido los principales en recuperar y honrar ese linaje; porque si se es homosexual y escritor, se entiende que los que los precedieron abrieron caminos a los que nunca hubiéramos podido acceder por nosotros mismos.

Han sido las autoras lesbianas las más interesadas en leer, conocer y analizar a quienes las precedieron. Han sido las intelectuales lesbianas las grandes encargadas de que no muera ese legado y que llegue o regrese a los catálogos de publicación, a las antologías, a los programas de estudio y a las bibliotecas. Las escritoras, maestras y académicas lesbianas han sido las principales en recuperar y honrar ese linaje; porque si se es lesbiana y escritora, se entiende que las que nos precedieron abrieron caminos a los que nunca hubiéramos podido acceder por nosotras mismas.

Han sido lxs autorxs indígenas lxs más interesadxs en leer, conocer y analizar a quienes lxs precedieron. Han sido lxs intelectuales indígenas lxs grandes encargadxs de que no muera ese legado y que llegue o regrese a los catálogos de publicación, a las antologías, a los programas de estudio y a las bibliotecas. Lxs escritorxs, maestrxs y académicxs indígenas han sido lxs principales en recuperar y honrar ese linaje porque si se es indígena y escritor/a, se entiende que lxs que lxs precedieron abrieron caminos a los que nunca hubiéramos podido acceder por nosotrxs mismxs.

Han sido lxs autorxs negrxs lxs más interesadxs en leer, conocer y analizar a quienes lxs precedieron. Han sido lxs intelectuales negrxs lxs grandes encargadxs de que no muera ese legado y que llegue o regrese a los catálogos de publicación, a las antologías, a los programas de estudio y a las bibliotecas. Lxs escritorxs, maestrxs y académicxs negrxs han sido lxs principales en recuperar y honrar ese linaje porque si se es negrx y escritor/a, se entiende que lxs que nos precedieron abrieron caminos a los que nunca hubiéramos podido acceder por nosotrxs mismxs.

Han sido lxs autorxs chicanxs lxs más interesadxs en leer, conocer y analizar a quienes lxs precedieron. Han sido lxs intelectuales chicanxs lxs grandes encargadxs de que no muera ese legado y que llegue o regrese a los catálogos de publicación, a las antologías, a los programas de estudio y a las bibliotecas. Han sido lxs escritorxs, maestrxs y académicxs chicanxs lxs principales en recuperar y honrar ese linaje porque si se es chicanx y escritor/a, se entiende que lxs que nos precedieron abrieron caminos a los que nunca hubiéramos podido acceder por nosotrxs mismxs.

Han sido lxs autorxs de la diáspora lxs más interesadxs en leer, conocer y analizar a quienes lxs precedieron. Han sido lxs intelectuales extranjeros lxs grandes encargadxs de que no muera ese legado y que llegue o regrese a los catálogos de publicación, a las antologías, a los programas de estudio y a las bibliotecas. Han sido lxs escritorxs, maestrxs y académicxs de la diáspora lxs principales en recuperar y honrar ese linaje porque si se es migrante y escritor/a se entiende que lxs que nos precedieron abrieron caminos a los que nunca hubiéramos podido acceder por nosotrxs mismxs… y así sucesivamente…

Así que no solamente hay que sacar a la literatura marginal de los márgenes ni basta con liberar al idioma del yugo rector de los diccionarios o las academias de la lengua; también hay que despatriarcalizar la manera en la que se lee y valora la literatura de la otredad. Porque si los miles de millones de lectorxs que a lo largo de la historia nos hemos podido identificar con Dickens, Shakespeare y Víctor Hugo sin ser de su mismo siglo, de su mismo país, hablar su mismo idioma, ser de su mismo género, ni tener su misma preferencia sexual, ni su misma problemática política, económica o social, ¿por qué los hombres heterosexuales, blancos, capitalistas del mundo no podrían identificarse con nuestra literatura, que es -en realidad- la de la mayoría?

Confesiones de familia en una casa vacía

Tres momentos.

Veinticinco poemas muy íntimos.

Confesiones de familia en una casa vacía.

Aventura de la que la protagonista saldrá viva, pero no ilesa.

Confesiones de familia en una casa vacía

Tres momentos.

Veinticinco poemas muy íntimos.

Confesiones de familia en una casa vacía.

Aventura de la que la protagonista saldrá viva, pero no ilesa.

Casa sin fin. Bullicio de la memoria es la vuelta al lugar del desastre: el hogar desmantelado de la infancia y el encuentro con sus personajes; la madre muerta, la abuela-madrastra, el bebé que no crece, la hermanita huérfana y el padre hecho girones danzan -a la vez juntxs y solxs- esta pieza obligada que es la vida después de un gran duelo.

Noveno libro de Artemisa Téllez y el primero que publica con la editorial especializada en poesía Verso destierrO, Casa sin fin. Bullicio de la memoria se presentará el miércoles entrante en la bellísima Casa de Cultura Jesús Reyes Heroles, corazón del Barrio de Santa Catarina, Coyoacán.

La mesa estará precedida por el escritor Roberto Nava; Adriana Tafoya, poeta y editora de Verso destierrO; la reconocida poeta costarricense Karla Sterloff, quien hizo el prólogo al libro y Artemisa Téllez, su autora.

La invitación es abierta y la entrada libre, pero una advertencia debe ser hecha: la casa sin fin no tiene espectadorxs, quien entra en ella deberá habitarla por un tiempo, recorrer sus pasillos y sus cuartos, reflejarse sin pudor en sus espejos y atreverse a descender paso a paso, por su temible escalera…

Casa sin fin. Bullicio de la memoria

Miércoles 11 de julio, 19 hrs.

Francisco Sosa, 202

Entrada libre. Mezcal de honor

A las maricas que nos dieron patria

Lo que en realidad hacemos, desde hace cuarenta años, es conmemorar, consciente o inconscientemente, la batalla iniciada por un grupo de vestidas y maricas heroicxs

A las maricas que nos dieron patria

Really, everybody goes sooner or later.

Tomorrow’s not promised to anyone.

I learned that in church when I was five years old.

And I’ve never forgotten it. So, every day counts.

Marsha P. Johnson

La cifra oficial indica que 250 mil personas asistieron a la marcha del orgullo 2018 en la Ciudad de México el sábado pasado (cifras extraoficiales difieren hasta por el triple de asistentes). Las calles desde metro Chapultepec hasta el Centro histórico se vieron inundadas una vez más de la loca algarabía con la que -a pesar de las eternas críticas- año con año se celebra este carnaval de identidades, preferencias y reclamos por el reconocimiento de una ciudadanía plena de derechos para lesbianas, bisexuales, transexuales, transgénero y homosexuales en México.

Como en todo carnaval, hay personas que viven un año entero preparando la comparsa y el vestuario: colectivos, activistas y performers elaboran lo que a ojos de quienes miran, puede parecer una improvisación muy bien producida. Lo que en realidad hacemos, desde hace cuarenta años, es conmemorar, consciente o inconscientemente, la batalla iniciada por un grupo de vestidas y maricas heroicxs que se amotinaron en un Bar de Nueva York la madrugada del 28 de junio de 1968 y resistieron, por primera vez, los arrestos y abusos de la policía en contra de la población homosexual. Este acto es lo que constituye el inicio de la lucha por nuestros derechos y de algún modo, el fin de la encubierta persecución institucional. De ahí en adelante muchxs mujeres y hombres se organizaron para detener los atropellos a las vidas y los derechos de quienes no aceptaron el mandato de la heterosexualidad y la identidad de género tradicionales.

Lamentablemente, la rápida erosión de la memoria, el desinterés por la política y la historia y la seducción del mercantilismo rosa ha hecho que la llamada “comunidad LGBTTTI” desconozca por completo el origen de la Marcha del Orgullo, que parece y es cada vez más frecuentemente representada como simplemente el día gay, uno en el que se felicita a lxs rarxs por ser rarxs, tan vacío de sentido como el día de la madre, el maestro o el niño. La mayor parte de lxs asistentes y simpatizantes de la marcha ignoran del todo el origen, pero sobretodo el símbolo detrás del orgullo gay: la reivindicación histórica de una lucha que ha costado y sigue costando millones de vidas.

En México, solamente, se reportan más de setenta crímenes por odio homo/lesbo/transfóbico al año. Como puede suponerse la mayor parte de los crímenes contra la población LGBTTTI no son reportados o bien no se les da un seguimiento como tales, sino como feminicidos, crímenes pasionales o desapariciones. Decir que llevamos “Cuarenta años viviendo en libertad” no es solamente una visión demasiado optimista sobre la situación de lesbianas, transexuales, bisexuales y lesbianas en nuestro país, sino una ofensa a la memoria de todxs lxs caudillxs, mártires, ideólogos y activistas que han perdido la vida luchando por nuestros derecho a ser y a mostrarnos como somos.

Las mujeres de la fotografía son Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera en el Pride de 1973, dos de las más importantes pioneras de este movimiento de liberación global; transexuales, racializadas y pobres, distantes por galaxias del consumismo arcoiris y el conformismo asimilacionista. Espero que este texto contribuya para que alguien más pueda interesarse por la historia de nuestra lucha y como un recordatorio: esta guerra sigue hasta que ganemos.

Sobre unos audios que circulan por ahí

Todo surgió a finales de 2005 cuando una joven cantautora lesbiana (llamada entonces Fabiola Jiménez) me propuso musicalizar algunos de mis poemas para uno de sus chous

Sobre unos audios que circulan por ahí

En mi recientemente estrenado perfil de soundcloud, hemos estado subiendo audios de algunos poemas lésbicos y, afortunadamente, han tenido muy buena aceptación. Es lindo ver y saber que el trabajo realizado no se pierde del todo en el camino, vale y deja rastro, revive, en el fondo: importa… Estos audios son lo que queda y se pudo rescatar de dos discos producidos de forma artesanal y casera hace más de diez años y estos a su vez, fueron un intento por darle más vida a dos espectáculos musicopoéticos de tema lésbico que creamos, montamos y presentamos durante tres años mi querida Chichis Glam y yo.

Todo surgió a finales de 2005 cuando una joven cantautora lesbiana (llamada entonces Fabiola Jiménez) me propuso musicalizar algunos de mis poemas para uno de sus chous. Yo le dije que sí, suponiendo que bastaba con pasarle el material y ella se encargaría del resto. Nunca imaginé que me vería envuelta en una aventura de cinco años, ni todas las cosas locas que nos sucederían a partir de ese día.

No recuerdo cómo me convenció de que fuera yo misma la que recitara los poemas en una de sus presentaciones, no puedo explicar tampoco por qué dije que sí, el hecho es que montamos cinco poemas míos (los más lésbicos que tenía en ese momento) y los presentamos como parte de un espectáculo mayor en el que participaban otras mujeres artistas. Nos fue muy bien y estábamos emocionadas, así que trabajamos algunos otros poemas y los presentamos junto con algunas de las canciones de Chichis, en una fiesta lésbica a principios del año siguiente.

De ahí en adelante comenzamos a participar en marchas, mítines, seminarios, encuentros, coloquios y festivales lésbicos, feministas y LGBT con nuestro primer espectáculo: Efímeros goces.

Al año siguiente, con la intención de no repetirnos, trabajamos además con poemas de Rosamaría Roffiel, Tatiana de la Tierra y Sor Juana Inés de la Cruz y, como el contenido nuevo superaba en cantidad al anterior, tuvimos que darle un nuevo nombre, Inés, yo con tu amor, para seguir asistiendo alegremente a cuanto evento se nos invitaba (cumpleaños, bodas y fiestas de aniversario incluidos).

Viajamos, salimos, conocimos mujeres, hicimos amigxs y nos divertimos mucho. Al final de semejante travesía decidimos grabar discos y gracias a ello hoy queda el testimonio de nuestra amistad, nuestra mancuerna creativa y nuestra temprana pasión por las mujeres, el trabajo no remunerado y la poesía.

Para lxs presenciaron aquel espectáculo nuestro, espero este sea un regalo que les evoque recuerdos agradables de esos años tan divertidos. A lxs que decidieron llevarnos a sus casas y/o eventos, deseo que les saque más de una sonrisa cómplice. A quienes nos siguieron, nos felicitaron, nos llevaron flores, nos compraron un libro, un disco o nos invitaron una chela, les sea una caricia a los oídos y el corazón. Y a quienes tan altruistamente nos ayudaron a hacer los discos, a Tatiana de la Tierra (✞), Rosamaría Roffiel, a Islandia, Tere Chang, Martha Cuevas, Hazel Davenport, Carmen Licona, Boris, Diego, Gerardo, Susana, Damiana, Sergio, Memois, Jacqueline y tantxs, tantxs amigxs entusiastas y ayudadorxs, nuestra eterna gratitud y dedicatoria…

Escucha los audios dando click en esta liga https://soundcloud.com/artemisa-tellez

Sólo por el placer o La Torre de Sabiduría

Es por esto -y por mi inagotable necesidad de transmitir y contagiar mi amor por el género- que me atrevo a publicar esta lista en la que están algunxs -¡no todxs!- de lxs cuentistas más fundamentales para mí.

Sólo por el placer o La Torre de Sabiduría

Creo que sí, que ya lo saben, que a todxs lxs que me han prestado oídos se los he dicho alguna vez: he vivido, desde niña, loca obsesionada por los cuentos. Generan en mí una fascinación distinta, no sólo al resto de los estímulos de la vida, sino -concretamente- a los demás géneros literarios. El cuento es un caballo de Troya, una caja de Pandora que contiene muchos mundos imaginables, reales y posibles…

Desde niña lo supe, mucho antes de empezar a leer: Memorice varios cuentos, los repetía, se los contaba a mamá, papá y a mis abuelas, a las personas que venían a casa o a lxs vecinxs; les agregaba y quitaba cosas; estaban ahí -vivos- haciéndose míos y públicos a medida que los compartíamos. Cuando aprendí a leer, los coleccionaba. Tenía un pequeño librero en el que iba poniendo cada libro nuevo pero ya leído, porque nada nunca entró al librero de mi infancia sin haber sido leído primero. Todos los leí demasiadas veces, los leí una y otra vez aunque me los sabía, después afortunadamente nació mi hermana y tuve el pretexto de leérselos y contárselos miles de veces a ella.

Cuando llegó mi momento de estudiar Letras -¿qué más podría estudiar una persona con semejante historial?- leímos algo de poesía y teatro, muchísima novela, pero casi ningún cuento, y a pesar de esa formación o deformación profesional, yo seguí: necia, loca, apasionada por los cuentos. Me especialicé en cuentos medievales españoles durante la licenciatura y en cuentistas mexicanas del medio siglo en la maestría y la pasión no hizo más que incrementarse exponencialmente.

De los catorce cursos, seminarios y talleres que imparto, once han sido dedicados al género perfecto (desde mi punto de vista) y uno de los problemas con el que me encuentro más frecuentemente, es que la mayoría mis estudiantes desean con gran entusiasmo llegar a la escritura de cuentos habiendo leído poco o casi ninguno.

Hoy en día (y desde el siglo XIV) somos lectores de novelas. Las personas a las que nos gusta leer tenemos en casa y a la mano básicamente novelas. El programa de literatura para bachillerato en México propone la lectura de novelas clásicas y -me ha pasado más de una vez- se espera que cuando nos hacen a las preguntas “¿qué estás leyendo?” o “¿qué estás escribiendo?” respondamos algo sobre una novela o expliquemos por qué no.

El caso es que no se puede llegar a la escritura del cuento sin ser ávidxs lectorxs de cuentos: sería algo así como dar un salto triple mortal sin haber saltado jamás. Es por esto -y por mi inagotable necesidad de transmitir y contagiar mi amor por el género- que me atrevo (con nerviosismo, emoción y un poquito de pudor) a publicar esta lista en la que están algunxs -¡no todxs!- de lxs cuentistas más fundamentales para mí, para mi vida y escritura, y uno solo de sus títulos con la esperanza de que todxs esxs lectorxs de novela, pero sobre todo mis alumnxs presentes, pasadxs y sempiternxs se animen a cumplir esta propuesta mía de leer un cuento todos los días durante un año (mis alumnxs lo llamararon “El Reto Artemisa”) para con solamente quince a cuarenta y cinco minutos al día, ampliar enormemente el acervo y conocer, por lo menos, los más grandes clásicos.

Hice una lista con los primeros cincuenta, para que los acaben antes del verano. Espero sinceramente que muchxs se unan, se dejen seducir y llevar por estos y otros cuentos, sólo por el placer. Compártanme sus cincuenta y.. ¡Buen provecho!

1.- “A family supper” Kazuo Ishiguro

2.- “Arielle” Elena Madrigal

3.- “Ataraxia” Eve Gil

4.- “Augusto” Herman Hesse

5.- “Bajo el sol jaguar” Italo Calvino

6.- “Boy with sword” Mark Van Doren

7.- “Casa tomada” Julio Cortázar

8.- “Como una buena madre” Ana María Shua

9.- “Cuento XXXV” Infante Don Juan Manuel

10.- “Diez negritos” Agatha Christie

11.- “¡Diles que no me maten!” Juan Rulfo

12.- “Diques para un viaje” Socorro Venegas

13.- “El árbol” Elena Garro

14.- “El cuerpo de Adelaida” Brianda Domecq

15.- “El extraño” Howard Philiph Lovecraft

16.- “El guardagujas” Juan José Arreola

17.- “El jardín de los senderos que se bifurcan” Jorge Luis Borges

18.- “El jardinero del convento” Giovanni Boccacio

19.- “El montón” Adela Fernández

20.- “El parto” Franco Sacchetti

21.- “El príncipe feliz” Oscar Wilde

22.- “El profeta” Khalil Gibrán

23.- “El tapiz amarillo” Edith Wharton

24.- “Fire And Ice” Álvaro Menéndez Leal

25.- “Fragmento de un diario” Amparo Dávila

26.- “Historia a cuatro manos” Aline Pettersson

27.- “Historia de Mariquita” Guadalupe Dueñas

28.- “Idilio” Guy de Maupassant

29.- “La camisa del hombre feliz” Luis coloma

30.- “La condesa sangrienta” Alejandra Pizarnik

31.- “La fiesta de las balas” Martín Luis Guzmán

32.- “La gallina degollada” Horacio Quiroga

33.- “La güera veneno” Reyna Barrera

34.- “La pastora de gansos” Hermanos Grimm

35.- “La prodigiosa tarde de Baltazar” Gabriel García Márquez

36.- “La sunamita” Inés Arredondo

37.- “Las abuelas” Doris lessing

38.- “Las zapatillas rojas” Hans Christian Andersen

39.- “Lección de cocina” Rosario Castellanos

40.- “Los siete ahorcados” Leonid Andreiev

41.- “Ligeia” Edgar Allan Poe

42.- “Malena, una vida hervida” Almudena Grandes

43.- “Oro, caballo y hombre” Rafael F. Muñoz

44.- “Palabras para una fábula” Margo Glantz

45.- “Para qué eternamente estés conmigo” José Emilio Pacheco

46.- “Piel de asno” Charles Perrault

47.- “Por Guayama” Luis Negrón

48.- “Que se vaya la gusanera” Odette Alonso

49.- “Sólo era una broma” Beatriz Espejo

50.- “Soñar es asunto privado” Isaac Asimov

El factor X

La intención de este uso es incluir a aquellxs que el lenguaje tradicional (binario y patriarcal) no nombra y a la vez, exigirle que lo haga.

El factor X

porque escribes tu nombre con la X

que algo tiene de cruz y de calvario…

Ricardo López Méndez

Hace un par de años, a pocas semanas de haber iniciado este blog, pregunté a través de mis redes sociales cuáles eran los temas sobre los que les gustaría que escribiera aquí y, cómo era una convocatoria abierta, opté por utilizar la X como lo he hecho desde 2005 cuando me dirijo a un grupo mixto. Además de las entusiastas sugerencias de varixs seguidorxs, alumnxs y amigxs pidiendo que hablara sobre alguna autora o libro en particular, tips para escribir, talleres literarios o unx que otrx bromeando con cosas más personales, recibí un par de comentarios de personas que se quejaban o me atacaban directamente por el uso de la X para hacer referencia (e hincapié) en el sexo indistinto de lxs lectorxs. En ese momento comprendí la relevancia de lo que este acto, ya automático para mí, sigue teniendo para lxs hispanoparlantes y me decidí a -eventualmente- dedicar una de mis entradas al tema ¡y qué mejor que en el marco de la 107a conmemoración del día internacional de la mujer!

La X se utiliza en español para sustituir a la A y la O sexuadas, no en cada uno de los artículos, sustantivos, adjetivos y adverbios del idioma (que son todos), sino en los que importan, es decir, los que interpelan a una persona o grupo del que se desconoce el género, que puede ser o identificarse con cualquiera de los dos o con ninguno, o bien para indicar que no se prefiere o favorece a ninguno de los dos por encima del otro. La intención de este uso es incluir a aquellxs que el lenguaje tradicional (binario y patriarcal) no nombra y a la vez, exigirle que lo haga. Este uso surgió en español a principios del siglo veintiuno y ha compartido reflectores y debate con los usos de la arroba, la E, y la A(S), O(S) (por ejemplo en: maestrxs, maestr@s, maestres; maestras y maestros), recibiendo las mismas críticas por parte de las instituciones de educación y la RAE que, desde 2012 se ha pronunciado en diversas ocasiones en contra de todo uso distinto al “masculino general” o “neutral”.

El problema es que quienes no pertenecemos a ese grupo (masculino general), sabemos perfectamente que estamos siendo dejadxs de lado desde el lenguaje y que esto nos hace más difícil luchar por nuestros derechos y ser tomadxs en cuenta. Resulta que somos conscientes de que -por decir algo- cuando se habla de “maestrOs”, “ingenierOs”, “dramaturgOs”, “científicOs” se nos está reduciendo e invisibilizando, ya sea para apropiarse de nuestros esfuerzos y nuestro trabajo, ya sea para hacernos creer que no existimos, no somos importantes o que somos minoría; porque sí, desde el punto de vista de la RAE si en una sala se encuentran reunidas 99 mujeres y un varón, la gramática (no la política) determina que se tenga que hablar en masculino.

La consecuencia de esta forma aceptada y “aceptable” de hablar el español es una constante borradura de lo femenino y de otras subjetividades transgéneras o no binarias. El peligro de conformarnos con esto (en función desde luego de un lenguaje “económico”, “correcto” y “elegante”) es permanecer silenciadxs no sólo como agentes de la historia, la cultura y el lenguaje, sino como posibilidades de la existencia humana.

Para mí, el esfuerzo de cualquiera que utiliza una arroba, una E o que repite en femenino y en masculino tienen el mismo valor de denuncia que la X, sólo que la he elegido porque a mí me parece más accesible en esta lucha por la nombrabilidad. La prefiero porque viene de la matemática y no está refiriendo a un ser sexuado propiamente como hombre o mujer, a un género o representación (a)genérica en particular, sino a una variable incógnita que va a colocarse a sí mismx en el lugar convocado: queridx, amigx, compañerx, invitadx que me lees…

Leer “El huésped” como una señal de humo

Amparo Dávila, última representante viva del maravilloso Medio Siglo Mexicano, es, como su propia literatura, una criatura extraña y única.

Leer “El huésped” como una señal de humo

Advertencia: en este texto se revela, aunque no el final,
parte importante de la trama del cuento. Está en línea en varias páginas.
Es recomendable leerlo antes que este. Es recomendable leerlo junto con este.
Es recomendable leerlo y releerlo, leerlo y releerlo, leerlo y releerlo…

Amparo Dávila, última representante viva del maravilloso Medio Siglo Mexicano, es, como su propia literatura, una criatura extraña y única, hecha toda ella de un material hasta este momento desconocido. Este día, en conmemoración a sus 90 años de vida y -desde luego- a sus letras, sus muchas admiradoras y escasos admiradores, sus estudiosas y tesistas sentimos que tenemos que decir algo, pero no es tarea fácil; no hay a la mano palabras que expliquen, ejemplifiquen o representen a una figura ni a una literatura como la ha construido Dávila, porque, como acabo de decir, la escritura de Dávila y la manera en la que ha llevado su carrera y su vida no son comparables a las de nadie más y mucho menos asimilables a un estilo o corriente vigente en su país o en su época.

Lo que puedo decir es que no hay alumnx que haya pasado por mis clases, seminarios o talleres sin que le haya recomendado leerla, Dávila es un referente de cómo se trabaja el cuento como género, de la visión e historia de las mujeres y de la potencia e importancia de las escritoras mexicanas. A quienes casi no leen (porque sí, de vez en cuando también me veo forzada a hablar con personas que no leen), a quienes no la conocen y por esa razón no saben cuánto la necesitan, les recomiendo siempre leer por lo menos “El huésped”.

Ese cuento, el más famoso y fundamental de su producción, sería hoy -si no hubiese sido escrito por una mujer provinciana tan reservada y humilde- uno de los más importantes de la Literatura (así, con ele mayúscula): para darme a entender un poco mejor, desde mi punto de vista, en una antología de los mejores cuentos escritos por mujeres mexicanas tendría que figurar “El huésped” de Amparo Dávila; pero si le quitamos ambos epítetos, de cualquier modo quedaría. En cualquier antología de cuento gótico o de terror del mundo tendría que figurar Amparo Dávila y ser traducida a todos los idiomas, pero como siempre se queda aquí, en cortito, en casa, entre esas que la queremos que la conocemos, que la escribimos y la leemos y la estudiamos para que otrxs la conozcan y no la olviden y todo esto también tiene  que ver con que es mujer, pero sobretodo con que su mente creativa y creadora se atreve a manifestar sus preocupaciones profundamente domésticas y femeninas y esa literatura no es la que interesa al cánon de la literatura-con-ele-mayúscula.

“El huésped” está construido a partir de un magistral y acotado silencio que se encuentra enraizado en el corazón del conflicto: ¿Quién es ese huésped? ¿Por qué ha llegado a vivir en la casa? ¿Por qué la mujer la protagonista y los demás habitantes de la casa le tienen tanto temor? ¿Quién es ese huésped que aterroriza particular y únicamente a las mujeres y a los niños pequeños? ¿Por qué aunque se le aborrezca se le debe de alimentar varias veces al día y darle la habitación más grande de la casa? ¿Qué simboliza ese huésped al que hay que acostumbrarse irremediablemente y si no: puntos suspensivos…

Si miramos como Dávila, con mirada maliciosa y mujeril, nos daremos cuenta con claridad que el huésped es una extensión de la vigilancia de ese marido distante y violento que describe la protagonista sin nombre; nos daremos cuenta también que lo más terrorífico de sus ser son sus ojos: esa mirada amarilla y vigilante que no se aparta aunque incomode, espía sin pausa de los cuerpos y las acciones de las mujeres, que las domina por mandato e imposición, pero también por el uso de la violencia.

En la casa del cuento de antemano no existían el amor, la confianza, ni la alegría, pero cuando el huésped llega su presencia la llena toda convirtiéndola además en un lugar sin cuartel donde no existe la paz. No hay rincón de la casa donde se pueda volver a estar bien, no existe sitio donde reposar, donde volver a descansar ni dormida ni despierta ¿y cuántas mujeres viven así? ¿cuántas mujeres viven sometidas al escrutinio social y familiar aún cuando sus victimarios directos no están físicamente presentes, aún cuando puedan parecerles buenos, aún cuando se crea que sí hay algo de amor o de alegría o de ilusión por el futuro o de esperanza de vivir? ¿De que nos está hablando Dávila? ¿Cuál es la solución definitiva a tantas cárceles sin barrotes que habitan muchas dentro de sus propios hogares? Sólo la otra mirada, el espejo, la que cura porque entiende, la que es hermana, aliada y cómplice nos hace valiosas y fuertes y nos permite escapar el estrangulamiento de la violencia y volver a respirar la vida.

Para eso hay que leer el cuento, para atesorarlo y comprenderlo: para encontrar salidas ficcionales -pero posibles- a horripilantes problemas reales, para eso hay que leerlo y, por supuesto, releerlo, releerlo, releerlo…

El arte nunca tuvo la culpa

Suprimir o editar obras artísticas de cualquier género no puede ser útil para abrir un debate sobre ellas

El arte nunca tuvo la culpa

Como ya sabemos de memoria, a finales del año pasado varias figuras de Hollywood denunciaron públicamente los abusos sufridos por parte de directores, productores y compañeros de trabajo, lanzando con ello una serie imparable de pronunciamientos (en favor y en contra) que han caminado ya por las alfombras rojas de los Oscar, los Goya, los Grammy y llenado las páginas desde Le Monde y New York Times hasta la TVnotas. Y es que el #metoo parece haber puesto al primer mundo a reaccionar frente a una de sus realidades menos aceptadas: sin importar qué tan adelantada esté una sociedad en cuestión de libertades y derechos, las mujeres seguimos -en el mejor de los casos- un escalón debajo de los varones. Sin embargo no es sobre este particular sobre el que quiero hablar, más bien usarlo maliciosamente para dar contexto a lo que sigue: el tema del presente texto o cómo se mezcla esta legítima denuncia de las mujeres con la defensa de lo indefendible. Tres alegatos recientes contra las obras de Balthus, Waterhouse y Schiele han dividido a la opinión pública ya que plantean como supuesta justificación la dignificación de la figura de la mujer y la niña en el arte. Se explica que en dichas pinturas mujeres, adolescentes y niñas son expuestas ante la mirada “pedófila” y/o “voyerista” y que debemos “cuestionar” el lugar que mujeres y niñas ocupamos en estas piezas (léase de “objetos”), cosa que como creadora, maestra y feminista me parece muy adecuado y correcto, siempre y cuando no se censure.

Suprimir o editar obras artísticas de cualquier género no puede ser útil para abrir un debate sobre ellas, es simplemente, como en el cuento de La bella durmiente, el intento fallido de evitar un pinchazo quemando las ruecas de todo un reino. No se puede revisar lo que es prohibido ver, no se puede dialogar con lo que no está presente, hacerlo es decidir por todxs; un verdadero atentado contra la libertad de lxs individuos y el patrimonio de los pueblos. Ahora, las pinturas, al igual que todas las demás manifestaciones artísticas se nutren de la realidad, no la inventan (la reproducen, la amplían, la critican, la recrean). Si durante 4000 años nuestra historia y cultura han sido patriarcales, el arte refleja esa supremacía (y muchas otras) y nuestro deber será entonces utilizarlo como un instrumento para conocer y revertir esos mecanismos sin destruir, prohibir ni ocultar su presencia en el arte. Además el feminismo no necesita más lastres que cargar sobre sus hombros, suficiente tiene con intentar emancipar a la mitad de la humanidad de la más añeja de sus opresiones, el feminismo se encarga de las mujeres: de las vivas y cómo viven y de las asesinadas por la violencia machista, no de limpiar el nombre de misóginos de siglos pasados.

Cuestionar el lugar que tenemos hoy en el arte es exigir una presencia amplia y equitativa de obras de mujeres artistas en las galerías y los museos, es luchar porque se les restituyan sus nombres verdaderos a tantas que tuvieron que firmar con seudónimo de varón, es pedir que se revisen las historias del arte y la literatura, que se encarcele a Felipe Oliva, a Woody Allen y a Weinstein. Es crear con nuestras manos mujeriles y feministas otras formas de ver, narrar y representar la vida; es acelerar el paso para que las que vengan tengan derecho y acceso a una educación que les permita rechazar aquello con lo que no están de acuerdo y, por favor, que dejen a lxs incorrectxs políticxs del mundo vivir y crear, que para eso es el arte: para que quien sienta placer de cualquier tipo lo viva a sus anchas sin hacerle daño a nadie y quien se sienta incómodx o aburridx, simplemente aparte la vista, cierre el libro, abandone el teatro, apague la película…

Para la inhomenajeable (Elena Garro)

Una obra que hubiera bastado a cualquiera para consagrarse definitivamente en las páginas de la historia, en los libros de texto, en las aulas, en los teatros, pero no a Elena Garro

Para la inhomenajeable

(Elena Garro)

Aplastada debajo de un cúmulo de nombres demasiado pesados, de una miríada de opiniones encontradas, de ser diagnósticos emitidos por personas que nada saben de psiquiatría, de una biografía entretejida con telenovela y leyenda negra, se encuentra -incólume e ignota- la  obra impresionante de Elena Garro. Una colección robusta en varios géneros (cuento, poesía, teatro y novela) producida a lo largo de los cuarenta años que se dedicó casi exclusivamente a la escritura. Una obra que hubiera bastado a cualquiera para consagrarse definitivamente en las páginas de la historia, en los libros de texto, en las aulas, en los teatros, pero no a Elena Garro; esa pobre manzana jugosa que una vez caída, se la chupó el diablo.

Y no estoy diciendo con esto ni que nadie la conozca, ni que nadie la estudie, ni que nadie la lea; digo que la calidad de su trabajo hubiera puesto a México en el mapa de la literatura universal, aunque no existieran ni Paz, ni Rulfo, ni Arreola, ni Fuentes, ni Pacheco ni la mismísima Sor Juana. Que debería tener, como ellxs, escuelas, calles, bibliotecas, premios, cátedras y auditorios con su nombre pero, a diferencia de ellxs, sigue pesando más su vida (o como dije ya, su leyenda) que la imponente estatura de su genio.

A Garro le debemos grandes innovaciones en el manejo de los tiempos y los espacios, un lenguaje poético no realista dentro de la narrativa y el teatro, la recuperación de un pasado y presente indígenas exentos de patrioterismo y folclorismo y una de las novelas más interesantes escritas en español: Los recuerdos del porvenir.

A Garro le debemos un retrato crudo de la pobreza, la superstición y la injusticia que aunque siguen vigentes en nuestro país, parecen ser cada vez de menor interés para lxs intelectuales mexicanos; una permanente crítica al poder y al abuso implícito en todas las jerarquías sociales, familiares y políticas.

A Garro le debemos la mayor parte de los recursos del realismo mágico de los que tanto se vanagloria toda América Latina.

A Garro le debemos algunos de los episodios literarios más lúcidos sobre la condición de las mujeres en nuestro país y el mundo.

Cada texto dramático, cada relato, novela o poema es testimonio y denuncia de gran valor y poder, una herramienta de emancipación y por supuesto, una obra de arte, pero hoy cada persona que habló de ella en el 101 aniversario de su nacimiento se sintió obligada a mencionar sus relaciones y su entorno como si eso explicara, como si eso importara, como si eso definiera una de las plumas y las mentes más brillantes del medio siglo mexicano.

Hoy, en su día, no existe homenaje más grande que leerla, conocerla y reconocerla en su escritura, en ese portento invencible que es y será su literatura, a pesar de todo y de todxs.  

Las peores:  una nota al pie a la historia (masculinista) oficial

Las peores es una obra acerca de las mujeres encarceladas por participar de manera activa en el movimiento independentista de nuestro país.

Las peores:  una nota al pie a la historia (masculinista) oficial

¿Qué es Las peores?

Las peores es una obra escrita por Gabriela Ynclán y dirigida por Edna Ochoa acerca de las mujeres encarceladas por participar de manera activa en el movimiento independentista de nuestro país.

¿Quiénes son Las peores?

Las peores fueron en palabras de su autora “las primeras presas políticas de nuestro país” y que fueron perseguidas, encarceladas y torturadas por esta causa. Mujeres que fueron víctimas no solamente de la injusticia de la clase política y sus intereses sino también de la iglesia y de la misoginia preponderante en la sociedad mexicana.

Las peores son las que “no tienen perdón de Dios” ni tampoco de la sociedad patriarcal. Mujeres capaces de luchar por lo que quieren y de asumir las consecuencias últimas de sus decisiones. Las peores son las luchadoras invisibles sobre las que ha sentado las bases este México que sistemáticamente las olvida.

¿Por que nadie debería perdérsela?

Nadie debería perderse esta obra porque es un retrato crudo y realista que utiliza la ficción como una herramienta para mostrar las caras de todas esas mujeres que quedaron sin nombre y sin voz pero a quienes debemos muchos de los derechos de los que gozamos hoy como mexicanxs y también como mujeres.

Nadie debería perderse Las peores porque es una necesaria nota al pie de la página de nuestra historia.

Nadie debería perderse Las peores porque es una puesta en escena en la que la dirección, las actuaciones y el texto no tienen desperdicio alguno.

Nadie debería perderse Las peores porque es una obra que amplía nuestra visión de lo que fue el movimiento independentista al ponerlo en código femenino.

Nadie debería perderse Las peores porque habla de una lamentable forma de enfrentar los conflictos que todavía sigue vigente.

Una obra hermosa, desgarradora, inolvidable nos regalan Gabriela Ynclán con su texto imprescindible, Edna Ochoa con su espectacular trabajo de dirección y Gloria Andrade y Susana Romero con sus actuaciones que nos dejan atónitxs y sin  palabras.

Las peores se está presentando todos los miércoles de noviembre y el primer miércoles de diciembre a las 8 de la noche en el hermoso Teatro Enrique Lizalde (Héroes del 47 #122. Col. San Mateo, Coyoacán). Háganse un favor y vayan.

Fotografía de: María de Jesús Hernández Salas

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